By the way, finalmente vi en DVD Expiación, Deseo y Pecado. La historia me pareció fascinante y la actuación de Saoirse Renan es impactante, es capaz de reflejar perfectamente la convicción en la fantasía y la pérdida de la inocencia a través de la indiferencia y la envidia.
Visualmente es una joya, las largas secuencias son dignas de verse una y otra y otra vez. Y el vestido verde de Keira Knightley me hizo desear bajar los 10 kilos que según yo estoy bajando desde el año pasado nada más para poder ponerme algo así. Mmmm. Sexy.
Para los despistados: no es precisamente una historia de amor. Es más bien una historia de búsqueda y esperanzas rotas. Cautivadora (Nota: creo que la palabra "cautivadora" es lo más pretenciosa que puede ser una palabra cuando se habla de cine, al igual que fascinante, así que sólo debería decir: la película está suuuper chida y tiene una composición visual fregonsísima).
Véanla.
El mundo es un caleidoscopio y yo aún sigo buscando el cristal más bonito para mirar...
29 de enero de 2010
Todos los que han cambiado al mundo han estado sentados ahí...
Esto intentará ser una reseña -nada seria- sobre Up in the air. Pero antes, un disclaimer: soy LA MÁS FAN DE JASON REITMAN porque:
- Los guiones de sus películas siempre me hacen reir, a pesar de la seriedad y profundidad de los temas que trata, vamos, su humor negro es fantástico.
- Me encanta la intimidad que crea en torno a UN personaje y la manera en que su dirección logra arrancarles matices infinitos a una mirada, una palabra, un diálogo.
- La música de sus películas es curiosamente envolvente
- Siempre de los siempres tiene un casting fabuloso.
En fin.
Dicho lo anterior. Procedo.
Up in the air es una de esas películas que re mueven algo en cada uno de nosotros, y puede hacerlo desde muchos frentes. La premisa es sencilla, más no simple: Ryan Bingham tiene un trabajo peculiar, es empleado de una compañía dedicada a la transición ocupacional. Mero eufemismo. Despiden gente, pues. Es la clase de vida que a él le gusta llevar: viajar 322 días al ño, hospedarse en hoteles lujoso, cenar en buenos restaurantes y, por supuesto, acumular millas de viajero y puntos en programas de lealtad.
Su meta en la vida es llegar al millón de millas, ¿por qué? Pues...¿por qué no? le darán su tarjeta de grafito, podrá platicar con el capitán de la aerolínea y tendrá incluso un avión con su nombre. Un homenaje a su forma de vida. Su filosofía, misma que transmite en conferencias de superación personal, siempre llenas de personas ávidas de encontrar las palabras adecuadas, consiste en viajar ligero. Vaciar las maletas, quedarse sin nada. Le resulta excitante.
Pero todo eso cambia con la llegada de una brillante muchachita que pretende reformar el sistema de trabajo de su empresa, implementando el despido por videoconferencia. Adiós viajes, adiós millas. Antes de que ese sistema se implemente, se lleva a la mentada muchachita - una fabulosa Anna Kendrick- a un viaje que pretende demostrarle en que consiste SU industria. Un oficio en el que no hay respuestas para las preguntas de la persona sentada al frente, en el que uno debe aprender a olvidar caras, a no fijarse en los detalles y hacer promesas incumplibles. Dar esperanzas vanas a quienes, en un mundo de crisis, deben despedirse de largas carreras de lealtad a su empresa involuntariamente. Personas que se pregunta qué hacer cuándo se tienen 57 años y no se tiene un empleo. ¿Cómo puede Bingham dormir por la noche?
Normalmente solo. Sin embargo en uno de sus múltiples viajes, en el bar de algún hotel en algún lugar, conoce a una mujer que le demuestra que cargar una maleta y sentir el peso sobre sus hombros puede ser satisfactorio. Dormir con ella, leer sus mensajes, bailar juntos. Todo aquello que nunca deseo pero repentinamente le provoca el deseo de poner los pies en la tierra.
De una u otra forma, el giro de la historia nos lleva a entender la diferencia entre deseo y necesidad. En todos los ámbitos: económico, social, amoroso, corporativo; la tensión entre estos dos conceptos nos arrastra en una marea de sinsentidos. Lo más difícil quizá sea obtener lo que deseamos y darnos cuenta que no era lo que necesitábamos para ser felices.
Es entonces cuando nos quedamos arriba, en el aire. Esperando que algún breve momento nos haga poner los pies en el suelo alguna vez.
Todos los que han cambiado el mundo han estado sentados ahí...
22 de enero de 2010
La Teta Asustada
El miércoles vi La Teta Asustada. La disfruté mucho. Es raro, creo que nunca había visto una película peruana y mi conocimiento sobre el país se limita a: 1) Machu Pichu está en Perú, b) Laura de Amércia es peruana, c)Lima es su capital, d) hay llamas, o eso dicen.
Si, lo confieso, soy una completa ignorante de al realidad latinoamericana, línchenme.
En fin. Me sorprendió la realidad peruana, o la realidad peruana como se retrata en la película. Violaciones, terror, pobreza, ignorancia. Y, sin embargo, esperanza y amor.
Se llama la Teta asustada en honor a une enfermedad del mismo nombre que consiste en que una madre que ha sufrido terror y abuso transmite a sus hijos, mediante la leche materna, ese miedo terrible. Fausta lo padece, y aunque ningún doctor pueda avalar la existencia de esa enfermedad, es un hecho que el fenómeno existe.
Pero el miedo no impide querer vivir. Y eso es algo que vamos descubriendo. La vida puede ser una basura, el mundo es la cosa más terrible. Pero siempre, siempre, queda un mar para mirar.
En fin, nada más lo escribí para que no se me olvidara.
Si, lo confieso, soy una completa ignorante de al realidad latinoamericana, línchenme.
En fin. Me sorprendió la realidad peruana, o la realidad peruana como se retrata en la película. Violaciones, terror, pobreza, ignorancia. Y, sin embargo, esperanza y amor.
Se llama la Teta asustada en honor a une enfermedad del mismo nombre que consiste en que una madre que ha sufrido terror y abuso transmite a sus hijos, mediante la leche materna, ese miedo terrible. Fausta lo padece, y aunque ningún doctor pueda avalar la existencia de esa enfermedad, es un hecho que el fenómeno existe.
Pero el miedo no impide querer vivir. Y eso es algo que vamos descubriendo. La vida puede ser una basura, el mundo es la cosa más terrible. Pero siempre, siempre, queda un mar para mirar.
En fin, nada más lo escribí para que no se me olvidara.
18 de enero de 2010
3 películas más a la lista...
Zombieland
Yo soy la más sorprendida cuando digo que me gustó Zombieland. Vamos...¿una película de zombies? ¿una película serie B? Alucino Scream, Sé lo que hicieron el verano pasado, Resident Evil y casi casi todas las películas de terror.
Pero Zombieland va más allá. Con todos los clichés de las películas de zombies y serie B del mundo, Zombieland no se queda allí, y más que un homenaje, hace una re interpretación del género en que el humor es fácilmente aceptado, siempre y cuando sea del color adecuado. Negro.
Me reí a carcajadas, como hace mucho no hacía - creo que desde que vi The Hangover - y la disfruté. Los personajes son un prodigio de encanto y carisma y tanto el guión como el director supieron hallar la forma de darles dimensión y textura sin sumergirnos en detalles innecesarios.
Y Bill Murray. Increíble. Sin duda la volvería a ver. Y quiero un Tuinky.
Fama
Por favor absténganse.
Ni yo que soy la más fan de los musicales la aguanté. Es como una historia de artistas endulzada con Splenda. Sin pasión, sin sacrificio. Puros niñitos de papi en escuela de arte. Nada qué ver con la versión original, que si me encanta.
31 Minutos
No la vi en el cine, porque, claro, la estrenaron en dos salas y a las 3 de la tarde. Bah. La tuve que comprar pidata (la d a propósito). Ni modo.
Y fui la máaaaaas feliz. Vamos que ya la serie es fenómeno, pero ver a todos los personajes enredados en una historia de aventuras es increíble. Conocer las casa de Tuilio y Juanín, saber cómo se conocieron y ver a Tuilio y Juan Carlos Bodoque como niños scouts es una cosa deliciosa.
Como siempre, cada elemento de la producción está cuidado hasta el último detalle y uno se olvida de que son marionetas. Como siempre, sarcasmo y carcajadas aseguradas. Vamos todos a rescatar a Juanin.
La frase memorable: "Siempre recordaré sus últimas palabras: Es la misma cuerda, idiotas".
!Véanla, véanla, véanla!
15 de enero de 2010
Querido dios
Escribo tu nombre con minúscula porque tanto tú como yo sabemos que no estoy segura de que existas. A veces, cuando el cielo luce colores indescriptibles o cuando una mariposa azul se posa sobre mi brazo, estoy segura de que es tu mano la que los pone ahí. Quizá lo haces para hacernos felices, quizá por simple y llana diversión.
Normalmente no es tu nombre el que ocupa mis pensamientos cuando las cosas salen mal, pero tampoco cuando salen bien. Aunque celebro hipócritamente el nacimiento de tu hijo cada 24 de diciembre, no he rezado desde hace años, y tampoco he ido voluntariamente a misa. Voluntariamente.
Pero ayer en la noche, quizá lograste reconocer mi voz entre los millones de voces que acudieron a tí. Quizá. Si estás ahí arriba.O abajo. O a mi lado. Quizá no. Pero es que sentí nacer dentro de mí la necesidad de rezar y esa es una necesidad que me sonaba ajena e impenetrable, pero también imposible de eludir.
Recé, por primera vez desde hace tanto, ya ni siquiera podía recordar las palabras. ¿Cómo me tengo que dirigir a tí? ¿Dios?¿Jesús?¿Padre?
No lo sé. Sólo te dije hola, y asumí que si estabas ahí sabrías que era a ti a quien hablaba. Hola, dije, y lloré. Te dije que me sentía culpable de no dar gracias a diario, que no sabía a quien dirigir mis agradecimientos, y por lo tanto hablaba a alguien a quien no podía ver. Con los ojos cerrados, agradecí profundamente el sentir sobre mi cuerpo una manta caliente, agradecí tener sobre mí un techo, agradecí haber visto la sonrisa de mi mamá y mis hermanos antes de dormir y haber escuchado a mi novio diciéndome te amo una vez más.
Lo agradecí porque no pierdo nada agradeciendo. Porque todo puede perderse en un minuto. Y entonces te pedí que velaras por la gente en Haití. Sálvalos te dije, haz algo por ellos.
Pero yo ya no sabía si escuchabas. Hoy por la mañana que vi las noticias, casi podía estar segura de que no seguiste escuchándome hasta el final.
Sigo preguntándome si estás ahí. Quizá si algún día te encuentro pueda hacer las paces con el mundo. Te extraño.
Normalmente no es tu nombre el que ocupa mis pensamientos cuando las cosas salen mal, pero tampoco cuando salen bien. Aunque celebro hipócritamente el nacimiento de tu hijo cada 24 de diciembre, no he rezado desde hace años, y tampoco he ido voluntariamente a misa. Voluntariamente.
Pero ayer en la noche, quizá lograste reconocer mi voz entre los millones de voces que acudieron a tí. Quizá. Si estás ahí arriba.O abajo. O a mi lado. Quizá no. Pero es que sentí nacer dentro de mí la necesidad de rezar y esa es una necesidad que me sonaba ajena e impenetrable, pero también imposible de eludir.
Recé, por primera vez desde hace tanto, ya ni siquiera podía recordar las palabras. ¿Cómo me tengo que dirigir a tí? ¿Dios?¿Jesús?¿Padre?
No lo sé. Sólo te dije hola, y asumí que si estabas ahí sabrías que era a ti a quien hablaba. Hola, dije, y lloré. Te dije que me sentía culpable de no dar gracias a diario, que no sabía a quien dirigir mis agradecimientos, y por lo tanto hablaba a alguien a quien no podía ver. Con los ojos cerrados, agradecí profundamente el sentir sobre mi cuerpo una manta caliente, agradecí tener sobre mí un techo, agradecí haber visto la sonrisa de mi mamá y mis hermanos antes de dormir y haber escuchado a mi novio diciéndome te amo una vez más.
Lo agradecí porque no pierdo nada agradeciendo. Porque todo puede perderse en un minuto. Y entonces te pedí que velaras por la gente en Haití. Sálvalos te dije, haz algo por ellos.
Pero yo ya no sabía si escuchabas. Hoy por la mañana que vi las noticias, casi podía estar segura de que no seguiste escuchándome hasta el final.
Sigo preguntándome si estás ahí. Quizá si algún día te encuentro pueda hacer las paces con el mundo. Te extraño.
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