El mundo es un caleidoscopio y yo aún sigo buscando el cristal más bonito para mirar...
17 de abril de 2009
13 de abril de 2009
Como abeja al panal...
El otro día me desperté a las 3 de la mañana con un enojo que no puedo explicar. Y luego recordé que no me había lavado los dientes, así que para tranquilizarme, me dirigí al lavabo y realicé la omitida acción para tranquilizarme y darme tiempo para recordar la causa de mi enojo.
Nunca pude recordar porque desperté enojada. A veces tengo sueños extraños en los que las palabras cuatro, ocho, and then left, veintidos y nunca más suenan como los peores insultos y provienen de una boca conocida. Bien podrían ser esas u otras con igual sentido.
El punto, es que mientras miraba a mi reflejo lavarse los dientes, me vino a la cabeza una frase elaborada que ahora no recuerdo muy bien pero que iba más o menos así:
Los seres humanos somos como insectos atraídos inevitable y fatalmente por la luz. Sea que la luz fuere realmente una fuente luminosa u otra cosa.
Hay seres humanos cuyo fin último es perseguir el amor y se inventan el amor en cada cosa que ven, o bien la luz fatal no es otra cosa que aquello que han dado en llamar libertad y que consiste únicamente en ser dueños de nuestras propias correas para entregarla a quien se nos venga en gana (guerrilleros heróicos incluidos).
La atracción es la verdadera naturaleza humana, la fuerza que nos proyecta fuera de nosotros mismos, la verdadera razón de nuestros sentimientos de pertenencia o hastío...pero rara vez nos sentimos atríados hacia nosotros. El principio de otredad rige nuestra existencia. No queremos estar solos. ¡Viva la luz!
Sigo sin entender que quise decir con eso. A veces mi cerebro entra en automático y se niega a compartir razones entre los distintos compartimientos. Mi yo despierta se niega a preguntar.
Quizá otro día, en el momento exacto me despierte feliz y mirándome al espejo mientras me lavo las manos encuentre la pieza que falta para entenderme.
La razón y el sentido. Esa es mi luz.
Y aquí nadie dijo que aquello que perseguimos es lo que necesitamos.
30 de marzo de 2009
25
18 de marzo de 2009
De los climax inconclusos...
No creí que fueran a tocar Exit music for a film, era uno de esos deseos que uno considera improbables (más probable era House of cards que nunca llegó), y ahí estaba: Thom Yorke con su guitarra, un silencio desgarrado unicamente por su voz y el sonido de las notas de una de mis canciones favoritas.
Un error, y repetir. El show debe continuar. Podía sentir ese ligero espasmo intermitente, la emoción, la adrenalina de saber que era uno de esos momentos, momentos especiales que se atesoran y se cuentan una y otra vez.
Un error más. Have a nice life, él dijo y dejó de tocar. Yo estaba a punto del llanto, primero por la emoción de escuchar la canción, después por la decepción que me provocó dejar de escucharla.
Al final fue uno de esos climax inconclusos que te dejan con una sensación de vacio en el estomago, provocado por la nostalgia de lo que no fue pero prometía ser. Y se convirtió de una u otra forma en uno de esos momentos, jamás voy a olvidar los acordes cortados. Una disculpa que no intentaba ser tal.
Y se los agradezco. Les agradezco haber tenido el valor de dejar de tocar.
Mi vida está así en esos momentos. Una canción que ha intentado tocarse muchas veces y que debe abandonarse para no estropearla. Es hora de iniciar una nueva canción. Cerrar con Creep, un poco en broma, un poco en serio.
Y aguardar que la Karma Police nos haga el favor de estar atenta y vigilante, dispuesta a arrestar a nuestros peores temores.
Gracias Radiohead. Gracias por ayudarme con el soundtrack de mi vida.
23 de febrero de 2009
Relatos
El cine, el teatro, la literatura, como formas más o menos permanente de esos relatos son mis verdaderos hobbies. Muchas tardes lluviosas me he visto acompañada de la vida de los otros. Me conmueven las vidas de los otros, a veces hasta el muy simplista y reduccionista acto de llorar.
Muchas veces no sé porque lloro, simplemente me dejo llevar por una emoción abrasadora que termina por desalojar mi cuerpo en la forma de una lágrima y otra y otra ahsta que acabo sumida en un llanto incontenible que parece no acabr nunca. No siempre lloro de tristeza, a veces lloro de alegría, de importencia o incluso de temor y desconcierto...
Me gustan los relatos por todo lo que los hace irreales: el tiempo exacto, la necesidad, el sentido, la pasión. Por desgracia, la vida no se parece a los relatos (los libros, las películas) la vida, generalmente carece de sentido hasta que es vista como una historia. Todos los días nos levantamos sin saber que significado puede tener tomar o no una ducha con agua caliente, deternos o no a comprar una gelatina de chocolate, decidir o no caminar en vez de tomar el microbus....
Lo verdaderamente hermoso de los relatos es que tienen un final: triste, feliz, incoherente; pero final. Es el final de las historias lo que las convierte en perdurables. Un fragmento de vida embalsamada, cristalizada, embellecida por la nostalgia de lo que no transcurre, que ya tanscurrió, que está por tanscurrir...
La belleza está en poder decir: D. Estaba escrito.
Pero, como mi vida no transcurrió ya, ni está por transcurrir, me invento finales intermedios, sólo por el simple derecho de decir "estaba escrito", "así tenía que ser", "todo tiene sentido"...al fin y al cabo, sólo quiero hacer de mi vida un relato.
Al fin y al cabo nunca he sabido donde se esconde el principio de realidad.
Y soy fan de los finales felices.
Y lloré amargamente esperando que Dionisio vivo y el señor de la coca tuviera una vuelta de tuerca en alguna de sus últimas páginas....
Y me alegra que Slumdog Millionaire hay ganado un Oscar. Por el simple hecho de reforzar mi creencia en lo inevitable.
Ojalá la vida fuera un poco más como lo relatos. Ojalá la nostalgia no convirtiera la vida en algo tan apetecible cuando no es la nuestra...ojalá no fueramos tan buenos alquimistas de palabras, ojalá los escritores no tuvieran como fin último maquillar la realidad...
Quizá el mal hábito de la esperanza desaparecería...
