17 de julio de 2009

Un día, cualquier día...

No hay mucho que decir. un día, cualquier día, te das cuenta de que vas por la vida coleccionando momentos y de que esos momentos al final forman una película, colorida o no, en blanco y negro o en sepia. Todo depende de la técnica y habilidades del director.

Corremos a 24 cuadros por segundo, con momentos vacios que no significan nada y otros llenos de significado. Hay cuadros que se quedan grabados por siempre en la memoria de los que nos conocen y momentos que quedan enterrados sin posibilidad de recuperación. A saber lo que ha de recordar la gente.

Yo recuerdo, por ejemplo, la sonrisa de mi abuelo, entrecerrando los ojos es una mueca teatral: un JIJIJI absolutamente delicioso. ¿Cómo está?, le preguntaba Sergio; Pues sentado, ¿qué no ves?, respondía mi abuelo. Y se reía. Se reía a pesar de que ya no podía caminar y se reía a pesar de que uno de mis tíos nunca iba a visitarlo y a pesar de sus múltiples entradas y salidas del hospital.

Así es como lo recuerdo, y así es como lo voy a recordar siempre. Riéndose.

Este post no tiene absolutamente ninguna razón de ser. El aniversario luctuoso de mi abuelo fue el mes pasado, no estoy particularmente triste ni melancólica. Es simplemente una celebración de uno de esos momentos que he decidido incoporar a la película de mi vida.

Quizá por eso me gusta tanto el stop motion:







9 de julio de 2009

Petirrojo.



Estos últimos días he soñado con un petirrojo. El ave vuela a mi alrededor, camina entre mis pies y busca dirigirme haciqa algún lugar que desconozco. A mí me da un ataque de risa, no una risa de burla, sino uns de esas pequeñas risitas que suelta uno cuando está conmovido.

Sé que la pequeña ave me quiere dar un mensaje pero, en el sueño, comienzo a sentir una opresión en el pecho, mezcla de miedo y curiosidad y termino por despertarme.

No sé lo que la pequeña avecilla quiere decirme, pero sé que es importante y sé que en algún momento dejaré de tenerle miedo.

El fin de semana antepasado, en Acapulco, un petirrojo rondaba junto a la ventana. Quizá sólo me quedé obsesionada con la imágen graciosa de su pecho rojo y sus pequeños ojos negros. Quizá sólo quiere llevarme de vuelta a la playa.

Quizá.

3 de julio de 2009

La no-violencia

Estoy tomando clases de yoga desde hace un mes. Fue una gran decisión comenzar a hacerlo: me he sentido fenomenal y he descubierto músculos de mi cuerpo que no sabía que existían. Así ha sido.

Y además he comenzado a reflexionar sobre algunos temas que no habían tenido mayor relevancia en mi vida: mi relación conmigo misma, la energía que desperdicio en enojarme y mantener mis pensamientos obsesivamente en un tema...en fin.

Todo suena tan re bonito, pero pues como todo, seguir los principios es lo más dificil. De acuerdo con las prioridades de la práctica yoguística el principio más importante es el de la no violencia, seguido por la búsqueda de la verdad (una verdad, por cierto, absolutamente subjetiva).

Y justo en el principio es dónde me atoro. Faltaba más.

Es que, he de admitir, soy una persona iracunda en extremo. Soy como aquella serie setentera de una criatura verde: "ustedes no quieren verme enojada".

Así las cosas, he buscado a través de los años controlar mi "dulce" temperamento (mi familia, cual personajes de La Bella y La Bestia de Disney, me repiten incesantemente: "pero sobre todas las cosas: DEBERÁS CONTROLAR TU GENIO"), y aún así hay momentos en que eso de "amarás a tu prójimo" y "tendrás sólo pensamientos, palabras y acciones bondadosas hacia los demás" como que no me sale.

Como ayer.

Mi jefa es un caso de estudio. Me cae bien, pero no somos las grandes amigas. Imaginense que es de esas mujeres que paga su membresía anual en el gimnasio, va a clases de zumba-rumba-mambo, y por supuesto spinning y pilates y body combat y cualquiera que sea la tendencia fitness de la temporada. Y además tiene su reloj contador de calorías, para saber si quemó al menos la mitad del desayuno, y come verduras cocidas y así...y no, no es una rubía escultural. Al contrario, es bastante redondita ella.

Y toda la vida nos molesta a mí y a mi amiga L. con que debemos hacer ejercicio.

Y se enteró de que voy a yoga (cosa dificil de ocultar si me ve con mi tapete). Total que ayer 6pm en punto ella sale volada de al oficina rumbo al gimnasio y dice "¿Qué pasó Mary (si, me dice Mary) no vas a ir a la yoga?, nada más estás tirando tu dinero y ni vas", a lo que yo respondí: "pero sí he estado yendo, si salgo de aquí 6:30 llego perfecto"...

Y entonces ella, ya en plena retirada soltó: "pues a ver si es cierto, porque la verdad es que yo no veo los resultados..."

Y que me quedo callada.

Cual Ally McBeal, me dieron ganas de arrancarle la cabeza...o de menos soltarle algo así como "pues yo he ido un mes, hay quienes ni con un año de spinning diario ven resultados".Pero ya se había ido y yo me quedé con un coraje entripado, que se sumaba al que ya traía por que a mi querido noviecito se le ocurrió ponerse a retozar con una amiga, correteándose por toda la oficina cual chamacos de secundaria.

PARÉNTESIS: Para quien no recuerde Ally McBeal, aquí el video:




Así y todo, es probable que mi jefa tenga razón: yo tampoco veo resultados todavía, porque eso de la no violencia nada más no me entra.

Seguiré entrenando.