El mundo es un caleidoscopio y yo aún sigo buscando el cristal más bonito para mirar...
27 de enero de 2015
Las palabras más peligrosas...
21 de enero de 2015
2015: Pura Vida
Lo que obviamente yo no sabía es que en realidad la frase viene de México, de una película de Clavillazo que llenó los corazones de Costa Rica al grado de adoptar la frase como filosofía y bandera (e incluso como slogan de sus campañas de promoción turística).
Persiguiendo el santo grial de la desconexión vacacional absoluta, me dejé llevar por la frase y en un día de absoluta depresión compré unos boletos de promoción en Avianca nada más para ver si era cierto lo que se decía del también llamado país verde. Vámonos a Costa Rica, le dije a Sergio.
Y nos fuimos.
Lo que entendemos por Eco Turismo.
El eco turismo y yo somos uno mismo. Me encanta disfrutar de días y noches en cabañas alejadas del mundo en donde no hay ni contactos para cargar el celular en la habitación y la única luz nocturna es la de algunas antorchas y las estrellas. Eco turismo=turismo rústico. O eso pensaba yo.
Luego llegas a Costa Rica y lo que encuentras es pura infraestructura turística de primer nivel, con Wi Fi en la habitación y tarifas altísimas para comprobarte que estás en primer mundo. Las aguas termales no son como Ixtapan de la Sal y lo que encuentras es un paraíso que comprueba que otro mundo mejor existe, pero es muy caro.
La experiencia turística de Costa Rica, por más diversa que pueda ser, me dejó un sabor a parque de atracciones para gringos. Todo muy lindo, todo muy limpio, mucha naturaleza, verdes intensos que hacen que te duelan los ojos después de un par de horas en carretera...y sin embargo, eché en falta la experiencia rudimentaria y exótica que es el ecoturismo a la mexicana.
Todo es más caro que la gasolina.
Si alguna vez viajan a Costa Rica, les recomiendo encarecidamente que renten un auto. Hay muchos muchos puntos de interés turístico, pero llegar a cualquiera de esos puntos implica desplazarse y no es que el transporte del país cuente con muchas y accesibles opciones.
Siempre se pueden contratar shuttles, con GreyLine o Interbús. Hay algunas rutas de camiones, que siempre van con gente de pie, pero me quedé con ganas, muchas, de realmente perderme por las carreteras llenas de verdor. No, no confién en los blogs de gringos asustados que se quejan del estado de las carreteras. si alguna vez han ido a Hierve el Agua por el camino viejo o han tenido el atrevimiento de cruzar Chiapas por carretera (la ruta a Las nubes, o la conexión Tuxtla Palenque por poner un ejemplo) están más que capacitados para manejar por Costa Rica. Y no, no necesitan un 4x4.
La otra opción que les queda son los taxis. Caros. Carísimos. Con tarifas en dolares que hacen que un simple day tour implique un gasto en transporte de aprox. 100 USD. Y nada está cerca. Hagan cuentas.
El país con más guías de turistas del mundo.
Eso sí, todos, absolutamente todos los taxistas, transportistas, botones, tenderos, TODOS pueden darte una cátedra sobre su país. Cuál es el punto más alto, el más bajo, el más al sur, el más al norte, dónde se como mejor, los hoteles con mejores tarifas, de dónde salen mejor las fotos, en que año se inauguraron cada uno de los parques nacionales, el porcentaje de territorio dedicado a la conservación ecológica, en que año se decretó la independencia, por qué tal ave o tal mamífero, la historia política de centroamérica, el número total de habitantes, el número de inmigrantes, las relaciones comerciales de Costa Rica con sus países vecinos, el año en que se disolvió el Ejercito...puras razones para sostener porque Costa Rica es el país con mejor índice de felicidad en el mundo.
Yo, como buena hater chilanga, lo encontré desesperante después de un tiempo. Pero envidié ese conocimiento y orgullo de su país, tan difícil de encontrar en mi hermoso México.
Envidia de la buena.

Uno de los primeros viajes que recuerdo fue a Chiapas, tendría yo como siete años y fuimos a Palenque. Recuerdo una selva gigantesca y abrumadora, con iguanas verdes caminando por doquier y monos araña columpiándose felizmente entre las ramas. Pero claro, eso fue hace mucho tiempo, hace un par de años que volví a ir la impresión que me quedó de la selva lacandona fue otra: triste, deslavada. La exhuberancia que me había dejado sin palabras en mi niñez se había ido y ahora sólo quedaban parches malogrados de algunos árboles que parecían obligarse a mantenerse juntos a fuerza de costumbre.
Si envidié algo de Costa Rica es esa preservación glamourosa, orgullosa y hasta un poco pedante que hacen de sus recursos naturales. No en vano los hermosos paisajes, las carreteras siempre verdes, las especies exóticas y confiadas, las flores multicolores, las enredaderas centenarias.
Eso si es Pura Vida.
Pero ninguna playa como las de México.
Eso sí, que me disculpen, pero como las playas de México no hay dos. Cualquiera de nuestras playas en el caribe, CUALQUIERA, supera a Manuel Antonio (que según Trip Advisor es de las mejores playas en el mundo...pfff). Y Jacó, una de sus playas surfers más reconocidas, no está ni cerquita de la buena vibra, color y vida que tiene Sayulita.
Yendo a Costa Rica, me reenamoré de Cancún, Playa del Carmen, Majahual, Holbox, Puerto Vallarta, Loreto, Tecolutla...del mar mexicano, pues.
En conclusión.
Costa Rica es Pura Vida: verdor, volcanes, sonrisas, orgullo. Lo disfruté muchísimo. Pero como México no hay dos y como siempre, el ejercicio de comparación de visitar otro país, me hace valorar muchísimo más el gran tesoro que es México y lo mucho que amo ser mexicana.
5 de enero de 2015
Ayudante de rey mago o "Las mejores historias del mundo las contaba mi abuelita"
Creo que el día de reyes me gusta más que la navidad , cuando era niña podría decirse que incluso más que mi cumpleaños.
Era día de comer rosca con chocolate e ir a la alameda a conseguir el globo más bonito para lanzar nuestra carta al aire.
A mi mamá le daba mucha ilusión, aunque quizá no debería hablar en pasado. Mi mamá sigue emocionándose con el día de reyes aunque su titánica labor de reina maga honoraria no encuentre ahora ningún niño-pretexto para seguir trabajando.
Mi mamá (y mi papá también) se esforzaban cada año por lograr que los reyes nos trajeran los mejores regalos. Lo único en todos mis años de infancia que me quedaron a deber fue un muñeca Comiditas. Yo creo que ese día se murió mi instinto maternal.
Pero, detrás de todos los recuerdos bonitos de los días de reyes de mi infancia, el más entrañable sigue siendo el de la todopoderosa mitología de los ayudantes de los reyes, mitología acuñada por mi abuela que mantuvo la ilusión en su lugar durante toda mi infancia, manteniendo nuestras inocentes mentes (la mía y la de mi hermano) a salvo de la cruda verdad.
Todo surgía del hecho de que en una de sus múltiples facetas empresariales, mi abuela comenzó a vender juguetes previo al día de reyes. Yo tendría unos 6 años en aquel entonces, y a esa edad uno hace más preguntas de las que cualquier adulto puede responder. "¿Por qué la gente vende juguetes para los reyes, no los hacen ellos?"
"Ay, hija, si nada más son tres, ¿cómo van a poder hacer juguetes para tooodo el mundo ?, no, si hasta Santa Claus tiene a sus duendes, pero los reyes no tienen a nadie así que cada año consiguen unos ayudantes que buscan los juguetes para todos los niños y pues claramente los ayudantes son gente común y corriente que no sabe hacer juguetes así que les toca comprarlos; por eso luego ves a señores comprando juguetes, pero tiene que ser en secreto, porque pocos saben que los reyes les ayudan".
En aquel entonces todo tenía sentido.
Que nostalgia de los globos, las mañanas abriendo juguetes y, sobre todo, del pensamiento mágico y protector de mi abuelita.
Te extraño Luchita.
PD. Me gusta tanto el día de reyes que tuve que aprender a cocinar la rosca. Soy una doñota en potencia, ¿qué diría mi abuelita de eso?
2 de enero de 2015
Posibilidades.
Perdí personas importantes , el fallecimiento de una buena amiga me hizo poner en perspectiva el verdadero valor del trabajo en comparación con los otros aspectos de mi vida, replantearme el concepto de éxito y mi necesidad compulsiva de cumplir las reglas.
Rompí muchas reglas, sólo para darme cuenta de que así se está mejor.
Tuve un encuentro cercano con un trailer que destruyó la mitad de mi coche...y tanto Sergio como yo salimos ilesos. Y yo no se si llamarle milagro, coincidencia o advertencia, pero pueden estar seguros que mi agradecimiento y amor por la vida se volvió enooorme.
Laboralmente fue un año de grandes retos, una verdadera pesadilla. Hubo grandes tropiezos. Desanimo. Estrés máximo. Y aún así, disfruté como nunca mi trabajo gracias a grandes personas que me hicieron sentir parte de un equipo que hace las cosas con el corazón...a pesar de los madrazos.
Confié más, reí más. Amé infinitamente.
Bebí café como desesperada.
Dormí poco y mal.
Estuve en el hospital gracias a una apendicitis. Adiós apéndice.
Fui constante para ir al gym...durante unos meses.
Básicamente, hubo días buenos y días malos, pero llenos de intensidad. Mis aprendizajes del año: el desapego, la contemplación y la paciencia.
2014 se va dejando tras de sí caos e incertidumbre, 2015 llega con grandes planes y esperanzas.
En 2014 aprendí a mirar con otros ojos, 2015 será el momento de aprender a creer. En la oscuridad, sólo la fe nos guía.
Es tiempo, creo, de navegar en aguas desconocidas y aprender a quemar las naves. Dejar ir . Un horizonte de posibilidades infinitas se abre ante mi, lo cual resulta aterrador y emocionante al mismo tiempo.
Ya veremos.
Mientras tanto, empecemos el año con un viaje, que es siempre la mejor manera de comenzar.
3 de diciembre de 2014
Claramente
9 de enero de 2014
La simetría de los deseos
Éste es exactamente el problema del modo de vida occidental, dijo Ofir con voz calmosa. Nosotros nos marcamos objetivos y entonces nos transformamos en esclavos de nuestros objetivos. Nos esforzamos tanto en coseguirlos que ni nos damos cuenta de que mientras tanto van cambiando.
Bien, dijo Yaara.
Los hindues tienen, continuó, una expresión que utilizan muy a menudo: savkutz milga, que quiere decir 'todo es posible'. Primero, cuando lo decían, me enloquecía. Después comprendí que aquí la vida es así. Te levantas un día y hay un terrible monzón y, al cabo de unos instantes, el cielo es azul, sin una nube[...]
Me colapsé porque llegué al fondo del tonel. Y llegué al fondo del tonel porque me exprimieron del todo. Y me exprimieron del todo porque formaba parte de la estructura del poder que utiliza las palabras únicamente para vender[...]
¿Y cómo son esas cosas en Copenhague?¿O hay otras cosas molestas?
Pata-nay.
¿Pata qué?
Pata-nay. Puede que si, puede que no.¿Cómo puedo saber lo que pasa en Copenhague si no he estado allí.
23 de diciembre de 2013
La nostalgia de la navidad y otras historias cortas.
Recuerdo por ejemplo, los romeritos que preparaba mi abuelita Lucha. Las posadas de vecindad acompañadas de ponche diario, aguinaldos con jícamas y cañas, letanías siempre lideradas por ella...en fin, la presencia inquebrantable de mi abuelita y lo mucho que disfrutábamos diciembre juntas.
Hacíamos nuestra posada cada año. Hubo una ocasión en que la piñata se incendió con una velita dentro de la casa. Nada grave, muy divertido en realidad. Hubo también un año en que cada vecino, además de la piñata, puso cena y ponche. Tuvimos nueve posadas, las de ley. Me acuerdo que el año en que falleció mi abuelita, hicimos una posada por el cumpleaños de mi hermana, y que como mi abuelita ya no estaba me tocó a mí guiar la letanía, recuerdo que vivía en estado zombie en aquellas fechas. La verdad, es que desde que mi abuelita no está, la navidad perdió una parte importante de su brillo y ya ni las limas que compartía con ella me saben igual...
Recuerdo una navidad, hace 11 años exactamente, la navidad del 2002. Fue un año difícil: habían pasado dos años de la muerte de mi abuelita, yo llevaba un año en la universidad, mi hermana tenía entonces 6 años, el matrimonio de mis papás pasaba una etapa terrible...
Estaba muy triste, me sentía muy sola y vacía. Ese año mariana me dijo, escribe tus deseos al niño dios, al espíritu de la navidad, escríbelos y guarda una copia. El 24 de diciembre a las 11 de la noche, quema el original. Deséalo con todo tu corazón, ten fe y tus deseos se cumplirán.
Yo desee 3 cosas: Que los problemas entre mis papás se solucionaran, que nuestra situación económica mejorara (en aquel entonces era en verdad precaria) y conocer el amor.
Sergio llegó a mi vida un par de meses después. Mis papás siguieron juntos un tiempo, pero hoy están felizmente divorciados. Hoy, nuestra situación económica es otra, mucho más holgada.
Quizá fue simplemente mi fe. Quizá fueron las lágrimas que derramé quemando aquella hoja, aferrándome a la esperanza vana de que hubiera algo (dios, la navidad, el universo) afuera, atendiendo mis deseos. No lo sé.
Hoy no tengo deseos tan apremiantes. Hoy mi vida es muy distinta. Ahora, por primera vez en bastante tiempo, no tengo nada que desear, sólo tengo una profunda gratitud. Y es por eso que estoy nostálgica: Todo sería perfecto si hoy pudiera ver a mi abuelita y simplemente decirle: soy feliz. Ella siempre me acompañó en mis lágrimas, cómo me gustaría que me acompañara en mis sonrisas...
Estas eran nuestras fiestas. Cocinar juntas. Bailar juntas. Envolver juntas los regalos. Caminar juntas. Comer juntas.
Estas SON nuestras fiestas. Recordarte siempre. Amarte siempre. Hacer de mi vida un homenaje.
20 de agosto de 2013
Crecer...que no es lo mismo que madurar.
15 de mayo de 2013
En el tintero
2 de mayo de 2013
No me gustó Iron Man (Spoiler Alert)
16 de abril de 2013
Mascotas Prestadas
Sólo he tenido una mascota en mi vida. Y esa mascota se murió al otro día de que me casé y se llevó con él un pedazo enorme de mi corazón. Es que sencillamente era mi mascota perfecta. Mia, aunque mi mamá y mi hermana se lo llevaron con ellas cuando se mudaron; a pesar de mis súplicas y mis chantajes del tipo "voy a vivir solita y sufroooo".
De ahí en fuera, todas mis mascotas en la vida han sido prestadas. Estaba la Grecia, una mastin gigantesca que mi papá dejaba entrar a la casa y que me despertaba a lengüetazos. Cariñosa y enorme. Era de mi vecino y se murió una navidad.
Estuvieron luego la Grecia II ,también una mastin, y el Toby , un pastor alemán de una dulzura infinita. También eran de mi vecino y en alguna ocasión se cruzaron y tuvieron unos cachorros bastante pintorescos, cuyo destino desconozco. Mi vecino se llevó a los dos perros a un estacionamiento que manejaba, y el Toby se escapó al poco tiempo. La Grecia simplemente desapareció...nunca supimos más de ella.
Estuvo también la Muñeca, una maltés que era de mi abuelita y que perdió toda alegría cuando ella falleció. Vivió 15 años, de los cuáles 5 los pasó ciega y medio sorda. Era un poco mía, si consideramos que yo pasaba más tiempo en casa de mi abuelita que en mi propia casa...
Después debería contar también al Teddy, el perrito que nació en un cumpleaños de mi tía Blanca y que se convirtió en su fiel compañero. Llegó muy pequeñito a la casa de mi tía (anteriormente la casa de mi abuelita) y ayudó a lidiar con la depresión que dejó la muerte de la Muñeca. Ese perrito merece mención aparte por el simple hecho de que creía que yo era su mamá...y pretendía que lo amamantara. (Su nombre original era Whaitito - porque era White y chiquito, pero mi tía no nos dejó ponerle ese nombre).
También estuvo Guantes, un gato hermosooooo. Negro y con patas y pecho blanco. Una belleza indecible. Lo encontramos Sergio aullando debajo de un coche, y me sentí muy mal de dejarlo ahí. Le llevé leche y atún a la calle. Rogué y supliqué que me dejaran quedármelo. Pero me dijeron que ya estaba el perro y que no se podía (paréntesis cultural: mi perro le tenía miedo a los gatos). Como no pude llevarlo a mi casa, todos los días, en las escaleras del edificio, me sentaba con él, lo acariciaba y eramos muy felices. Supongo que alguien lo adoptó porque después desapareció de mi calle.
Siempre quise un gato.
Y entonces, mi vecino (experto proveedor de mascotas prestadas) se consiguió una novia y la novia tenía un gato. Un gato persa, gris, hermoso.
Y el gato se hizo amigo de mi perro. Y se comía sus croquetas. Y le robaba su cama. Y todo eso de madrugada, cuando nadie lo veía.
Cuando mi mamá y mi hermana raptaron a mi perro y me dejaron triste y sola, el gato decidió que era hora de hacer nuevos amigos, así que ahí lo tenía yo a las 2 de la madrugada, rascándome la panza.
Como yo había decidido ya no encariñarme con mascotas prestadas, decidí que no tendría nombre. Gato. Así le iba a decir. Gato vete. Pero, obviamente, me encariñé muchísimo. Y resultó que era hembra, así que Gato era su nombre artístico cuando me visitaba.
Y luego me casé, y me mudé y dejé a Gato sin su segundo hogar.
Y quise un perro, pero no sabía que adoptarlo fuera taaan difícil. Y entonces recordé que siempre había querido un gato. Y mi querido esposo dijo que sí. Así es que a mis casi 30 años acabé cumpliendo mi sueño quinceañero de tener un gato negro como el de Sailor Moon.
Y eso me pone contenta. Eso y sus hermosos ojos de color indescifrable.
Y a pesar de que muerde cuando se estresa, y se enoja de noche cuando invado su espacio personal (que ha decidido instalar en mi almohada) y nos despierta a las 5 de la mañana para pedir que le de de comer (porque le gusta comer de mi mano) y de que desprecie las croquetas Cat Chow por comer Royal Canin y que haga berrinche si lo dejamos mucho tiempo solo... yo lo quiero.
Lo quiero como sólo se puede querer a una mascota, prestada o no. Con la ventaja de que nadie se lo llevará NUNCA sin mi consentimiento. Tener una mascota, creo, hace que siempre recuerdes que tienes un niño interior y que, sin importar cuánto te haya maltratado el mundo o tus padres, o el puto trabajo, siempre, siempre, siempre, puedes contar con que otro ser vivo es capaz de entregarte amor sin condiciones (bueno, un poco de comida, agua y apapachos nada más).
Este es Titino Gatino Tontino Chismosino Primero (aunque si eres cuate, le puedes decir Titino):
1 de abril de 2013
29
Que la utilidad del oxígeno que inhalas es mínima.
Que necesitas desesperadamente ese viaje interior, esa epifanía que has buscado desde que tienes uso de razón. Que el uso de razón no te ha servido de nada. Que por las noches te espera un gato negro mirando por la ventana y ese es probablemente el punto alto de tu día.
Que eres un alma vieja, pero eso no te hace sabia.
Que ahí están las cicatrices, y algunas heridas que aún sangran.
Que da igual si son 29 o 30 o 50. Que no sabes que hacer con los años perdidos ni con los que aún no llegan. Que no sabes siquiera que hacer con este día.
Que en el fondo da lo mismo.
Que no has podido vencer a la melancolía. Que Lars Von Trier lo entiende perfecto.
Que no puedes dormir por la noche ni despertar por las mañanas y que no entiendes lo que eso significa, pero asumes que significa algo.
Que quieres que todo calle, que necesitas escuchar una voz que perdiste hace mucho. Que sabes y no sabes que necesitas reencontrarte con la sonora y límpida carcajada. Que no entiendes cómo entender. que no sabes el camino: destrucción, iluminación, búsqueda.
Que cierras los ojos y te da miedo el vacío....
Me regalé letras en mi cumpleaños. Quizá todo sea tan arbitrario como las palabras.
25 de marzo de 2013
y después tomó tu nombre.
Por las noches caminaba de la cama a la cocina
susurraba, nadie oía.
En mis sueños cantaba de tu voz la melodía:
dulces tonos, negros días.
Me abrazaba a tu recuerdo y mi memoria insistía
en hacerte más cercano, más dulce, más mío.
Se llamaba vida hasta que tú llegaste.
Cuando despertaba, junto a una almohada vacía,
mis lágrimas rodaban: mi silente compañía.
Yo anotaba tu cuerpo, tus caricias, esa sonrisa impaciente que me dirigías
cuando mis palabras volaban en un idioma que no entendías.
No estoy listo.
No estoy listo para este amor tuyo que consume todo a su paso.
No estoy listo para tomar en mis manos un corazón inflamado.
No estoy listo para ti, que aprendiste a amar tan niña,
que no temes al fuego, a la muerte, a nada.
No estoy listo para vivid sin miedo, no estoy listo para vivir sin piso.
Te quiero, pero no estoy listo.
Te atragantaste con mi desesperación.
Se llamaba vida.
26 de diciembre de 2012
Entregas
En algún momento, un rompimiento amistoso (con intensidad de rompimiento romántico) con otra persona del mismo grupo, me llevó a alejarme de todos ellos, de la comodidad de pertenecer, de formar parte de, de todas esas cosas bonitas que conlleva saber dónde estás parados...
Con el tiempo la amistad se enfrió con todos ellos, y todo quedó tristemente en una amistad de Facebook y de vez en cuando en una que otra reunión navideña o cumpleaños. Eso, por supuesto, no implica que ni ellos ni todas las historias compartidas hayan perdido su lugar en mi corazón y en mi memoria...
Pero vuelvo al inicio. Todo empezó con una entrega a domicilio. Originalmente yo compré el cuadro porque quería ayudar a su novia, mi amiga del pasado sabiendo como sabía que para ella era importante echar a andar ese negocio. En parte eso y en parte que el cuadro era muy bonito y colorido y me enamoré de los enormes ojos de la vaca Jacinta.
Después de ese cuadro vino otra vaca...y después se me ocurrió que era buena idea pedirle un cuadro para mi mamá que todavía sigue en la afanosa labor de decorar su nuevo departamento (lleva dos años con eso). Después sucedió que mi papá también está por estrenar departamento y que andaba buscando un cuadro para decorar su sala, así que también para él hubo cuadro.
Cuatro entregas. No más.
Eso bastó para forjar un lazo importante entre ella y yo, un lazo que convertía en cada entrega en una sesión de confesiones, de preguntas sin respuesta, de porras mutuas, de consultar decisiones, de avisos.
La última entrega fue el fin de semana y funcionó como una especie de despedida. Se van a vivir a la playa.
"Voy a extrañar las entregas a mediodía en el metro Hidalgo", me dijo.
Cada persona en nuestras vidas llega en el momento preciso y parte cuando tiene que partir; y hoy, aunque ella no lo sepa, mi casa y las de mis papás son un poquito más hogares gracias a los colores que sus pinceladas nos trajeron.
No sólo me entregó cuadros, con ellos me entregó sonrisas, historias y memorias. Sí. Yo también voy a extrañar sus entregas.
25 de noviembre de 2012
¿Cuándo aprenderé, me pregunto, que en este camino no cuento contigo?¿Cuándo aprenderé que no cuento con tu abrigo?
Supongo que es la falta de experiencia, la inocencia que tengo tatuada en la frente, la confianza ciega, la maldición de la esperanza....
Me pregunto si existes. Eres, probablemente, como el monstruo debajo de la cama o el ratón de los dientes. Eres el santa claus de los pobres. Te aprovechas, porque hasta el más incrédulo ha creído en tí en alguna ocasión.
Estúpido destino. Cuando era niña, pensaba que eras más grande que dios.
20 de noviembre de 2012
Me va quedando grande el mundo...
Como a esos ancianos que van encogiendo dentro de unos ropajes que denuncian su anterior lozanía.
Voy perdiendo estatura, peso, tamaño. Me quedo sentada en una banca cualquiera; en cualquier parque. Alimento aves imaginarias, sueño despierta con atardeceres rojizos que caen sobre pastizales verdes. Me miento.
Sonrio lánguidamente con la tristeza atorada en el pecho. Una tristeza turbia y densa que le ha quitado el sabor a miel maple a la vida.
(La vida me sabía a miel maple y pastel de chocolate recién horneado. A helado de dulce de leche. A manzanas con chamoy y limón. A fondue de queso gouda...
Me sabía).
Hoy me va quedando grande el mundo.
Siento, no sé, que mis huesos están próximos a quebrarse. Que ya no hay andadera que resista mis pesados, lentos, apesadumbrados pasos. Que más vale quedarme sentada. Respirar. En cualquier banca, en cualquier parque, y volver a alimentarme con la dulzura del aire de una noche de otoño, con la frescura de un pasto recién regado, con el calor de un abrazo que dure horas....
Quedarme quieta, respirar, recuperarme. Ganar peso, recuperar mi estatura, volver a ocupar este espacio que aún se nota y que era mio. Crecer de nuevo, expandirme, brillar. Volver a sentir que el mundo le queda pequeño a mi cariño, que me puedo comer la luna a cucharadas, que pudo tocar las estrellas, que nada tiene límite.
Volver a ser yo.
Necesito tiempo.
Es que este mundo me va quedando grande.
13 de noviembre de 2012
25 de septiembre de 2012
Que se acabe el puto mundo ya
Pero mi reserva de sonrisa chiquita se ha ido agotando. Y estoy llegando al punto en el que ya no se dónde conseguir más. El sabado fui a una recarga de emergencia con mis amigos, los necesitaba, necesitaba reir con ellos quejarme con ellos, abrazarlos y sentirlos cerca. Eso me dio la sonrisa suficiente para enfrentar esta semana...y llega el miércoles y yo siento que ya no me queda casi nada de esa sonrisa.
Estoy en crisis (por si alguien en la vida no lo había notado).
Hoy me desperté muy fresca por la mañana. La primera vez en dos meses. Abrí mis ojos sin necesidad de despertador, me dirigí inmediatamente a bañarme. Y es que tuve un sueño que me llenó de alivio.
Soñé que se acababa el mundo.
Y no, no me provocó angustia, ni tristeza, ni una pena profunda por la humanidad. Vamos, ni siquiera esa nostalgia absurda asociada al pensamiento de la propia muerte. No. Yo lo que sentí fue tranquilidad y alivio.
No es la primera vez que sueño con el apocalipsis. Lo he soñado muchas, muchas veces. Alguna vez por terremotos, otra por bolas de fuego extraterrestres, alguna más a causa de hechiceros malvados, esta vez fue a causa de una inundación...
Me alegré de que el mundo se acabara. Y es que últimamente para mi, pasado y futuro se unen en un loop interminable de cosas sin sentido, de preguntas sin respuesta, de respuestas sin pregunta y francamente yo ya me siento incapaz de imaginar un mundo diferente. Es muy pinche triste.
Y así las cosas, con toda mi frustración, y mi tristeza, y mi necedad, y mis sueños rotos, y mis ganas de ser otra (la otra que se quedó en el tintero)...con todo eso, ya no me queda sonrisa chiquita. Ya sólo me queda el deseo profundo de gritar: Que se acabe el puto mundo ya. Y ver como se acaba.
Nada.
Bueno, al menos me queda el consuelo de que todo, todo, todo se acaba.
Algún día.
This too shall pass.
13 de septiembre de 2012
Uno de esos posts de superación personal que nadie debería leer...
Llegar y caer pueden ser las dos caras de una misma moneda. Llegar lejos, pero no a donde quieres llegar, puede no ser un logro.
He aprendido mucho, muchisimo, en estos dos meses que bien puedo clasificar como mi más complicada racha laboral hasta el momento; para no olvidarlo, me lo anoto aquí. Espero volver en unos años y darme cuenta de que estos aprendizajes no cayeron en saco roto.
1. El éxito es siempre relativo y personal. No vale de nada medirte con varas ajenas. El éxito debe medirse en tus propios términos, con la regla de tus sueños y tus pasiones. No debes aspirar a lograr aquello a lo que los otros han colgado la medalla de "ÉXITO", así, en mayúsculas. Éxito no es una palabra que se deba escribir en mayúsculas, ni enmarcarse para colgar en la pared. No es una meta, no es un lugar, no es un final. El éxito es un proceso que consiste en dar siempre, siempre, lo mejor de uno mismo (recordándose constantemente qué es eso mejor) y compartirlo alegremente. Hoy creo, más que nunca, que uno puede identificar a una persona exitosa por la sonrisa que porta en su rostro.
2. Fallar no es definitivo. Uno puede equivocarse una y mil veces, levantarse raspado, con moretones, ensangrentado y aún así seguir vivo (y con ganas de vivir, que es lo importante). Equivocarse no te define como persona. Darse por vencido, sí. ¡Ah!, pero también es importante saber que no se pueden ganar todas las batallas, uno tiene que elegir cuáles luchar. Y encontrar las razones correctas para pelearlas. Nadie es infalible, nadie es perfecto, nadie lo sabe todo.
3. Las áreas de oportunidad nunca se acaban. Pero uno tiene que decidir qué área del jardín quiere sembrar. Yo no pretendo ser astronauta, ni carpintera, ni diseñadora de modas; esas áreas siempre van a existir pero yo he decidido no cubrirlas. Pero hay otras que me duelen al verlas vacías. Si la vida es un jardín, tendrías que elegir dónde poner tu rosal, dónde el cuarto de los trebejos, dónde el sendero y dónde el columpio. No puedes tener todo en todas partes. Elegir qué área de oportunidad tomar depende de tus capacidades, pero, casi siempre, depende más de tus pasiones; de aquellas cosas que te hacen hablar hasta por los codos, que iluminan tu rostro, que te generan adrenalina y emoción. (Insisto, nadie puede ser bueno para todo).
4. Yo soy mi propio agente. Así, como si fuera yo un rockstar. Yo decido en dónde tocar y por cuanto. Yo decido si acepto duetos o no. Todas y cada una de mis circunstancias actuales han sido determinados por decisiones mías, actuales o pasadas. Es mi deber y mi derecho hablar, pedir, proponer. Nada es inamovible, todo es negociable. Se vale pensar en grande.
Creo que esta etapa ha marcado el inicio de una nueva temporada. Si fuera serie de TV, pensaría que este es el momento del spin off en que el personaje secundario se vuelve protagonista de su propia serie. This is the time of my life.
Fin del post de superación personal.
2 de agosto de 2012
"Acepta", decían, "te vamos a apoyar", decían
Digamos que, desde que entré a trabajar en este bonito negocio de la publicidad, los cambios vienen y van, al final uno se va a acostumbrando al vaivén, al ritmo frenético, a perder el piso. Pero hace un par de años entré en lo que viene siendo la zona de confort.
Hacía aquello en lo que era "experta",lo que dominaba. Algo que podía hacer con los ojos cerrados mientras comía palomitas y actualizaba mi FB. Era un trabajo que requería mucho tiempo pero practicamente sin ningún reto. Pedí mi cambio una y otra vez. A mí lo que me gusta es aprender, aportar algo y así.
Y tómala, que mi deseo se cumple. Y de repente me veo supervisando labores que desconozco y de las que no tengo ni puta idea. De repente se me cayó el mundo al suelo y volví a sentir lo que sentí hace ya 6 años que entré a esta caótica industria como trainee: una angustia terrible y ganas de no levantarme de mi camita hasta que se acabe la catastrofe.
Recuerdo que cuando empecé a trabajar tenía yo 21 años y conseguí mi lugar porque sabía inglés y porque alguna vez en mi vida había escuchado lo que era un TRP. En menos de una semana me hacía cargo de la coordinación regional de la cuenta de medios de importante empresa transnacional. Y yo era sólo una trainee.
Recuerdo que cada día salía casi llorando y me lamentaba amargamente con Sergio (sí, ya estaba Sergio) y todos los días repetía la misma cantaleta: no sé nada, seguro me corren. Tardé al menos 4 meses en tomar el control absoluto del tema. Y entonces la curva comenzó a caer, sufría menos, aprendía menos, me aburría más.
Pero hoy, hoy estoy en un punto en el que casi nada de lo que he aprendido en estos 6 años me sirve para atender mis labores prácticas de todos los días. Y entonces, entonces, me quiero poner a llorar y soy presa de una montaña rusa emocional en la que por momentos quiero llorar a causa de mi inutilidad y completa ignorancia, en otros estoy convenida de que lo mejor es renunciar antes de que noten mi completa falta de pericia y en otros sólo pienso: nada, nada en la vida ha podido frenarte, y esto no será lo primero...
Y pues nada, avanzo de a poquito, tratando de cacharlo todo a la primera sin sufrir pánico escénico y sin ser presa del terror.
Ya les contaré como me va en esta nueva aventura. Mientras, tratare de descifrar de dónde puede venir la ayuda divina, porque vaya que la necesito.



