27 de enero de 2015

Las palabras más peligrosas...

"There are no two words in the English language more harmful than good job".

Terence Fletcher, Whiplash





La pasión es física. Igual que el amor y la excelencia. Y la música. Y la obsesión. 

Uno no puede simplemente ver Whiplash y dejar la sala de cine como llegó. Hay un cúmulo de reacciones que se acumulan bajo la piel, sobre la piel. El proceso intelectual viene después, las preguntas sobre el valor de la excelencia, la medida del éxito y los sacrificios. 

Porque durante los 107 minutos que dura la película, lo único que puedes hacer es sentir. Se sienten los nudos en el estómago, la tensión en los hombros, la energía en las piernas, el cejo fruncido, el sudor en la palma de las manos. Ese éxtasis ansioso, frenético, que sólo puede ser provocado por el hambre de triunfo (no, no de triunfo, pero ni logro ni éxito lo transmiten del todo...quizá achievement tenga un poco más de precisión).

A través de la música (con un OST glorioso, por cierto) la historia nos lleva en una montaña rusa emocional que cumple el propósito primordial del teatro - y por extensión del cine-: la catarsis. Las críticas despiadadas de Terence Fletcher parecen dedicadas a la versión blanda y torpe de nosotros mismos y esos pequeños momentos de orgullo y satisfacción de Andrew nos generan la misma sonrisa pagada de si misma que vemos en pantalla. 

La historia nos lleva por la ruta  poco transitada que es la del camino a la excelencia, llena de claroscuros y sentimientos contradictorios, de orgullo y confianza, pero también y al mismo tiempo de un miedo pantanoso al fracaso. Como un pistón, son esos altos y bajos los que permiten el movimiento...y no es suficiente si no hay combustible y chispa. 

Y por supuesto, es una experiencia incendiaria. 

Porque la vida es así, te dediques a lo que te dediques. Nunca sabremos si somos lo suficientemente buenos, a menos que estemos dispuestos a llevarnos hasta el límite, a no ceder ante los golpes, a levantar la cabeza siempre una vez más y seguir tocando. Cosa difícil, por supuesto, porque eso implica tener una claridad de prioridades absoluta. Renunciar a todo, sacrificarlo todo, por la única cosa en la que te interesa ser GRANDE. 


O conformarte, sencillamente, con hacer un buen trabajo. 



Es una apuesta que pocos se atreven a tomar. 









"I never really had a Charlie Parker. But I tried. I actually fucking tried. And that's more than most people ever do".

21 de enero de 2015

2015: Pura Vida

Dicen los que saben que en Costa Rica la frase "Pura Vida" tiene más de 7 significados diferentes, es saludo, despedida, consuelo, esperanza, resignación. Por qué al final, todo es eso, Pura Vida, lo bueno, lo malo y lo regular.

Lo que obviamente yo no sabía es que en realidad la frase viene de México, de una película de Clavillazo que llenó los corazones de Costa Rica al grado de adoptar la frase como filosofía y bandera (e incluso como slogan de sus campañas de promoción turística).

Persiguiendo el santo grial de la desconexión vacacional absoluta, me dejé llevar por la frase y en un día de absoluta depresión compré unos boletos de promoción en Avianca nada más para ver si era cierto lo que se decía del también llamado país verde. Vámonos a Costa Rica, le dije a Sergio.

Y nos fuimos.




Lo que entendemos por Eco Turismo.

El eco turismo y yo somos uno mismo. Me encanta disfrutar de días y noches en cabañas alejadas del mundo en donde no hay ni contactos para cargar el celular en la habitación y la única luz nocturna es la de algunas antorchas y las estrellas. Eco turismo=turismo rústico. O eso pensaba yo.

Luego llegas a Costa Rica y lo que encuentras es pura infraestructura turística de primer nivel, con Wi Fi en la habitación y tarifas altísimas para comprobarte que estás en primer mundo. Las aguas termales no son como Ixtapan de la Sal y lo que encuentras es un paraíso que comprueba que otro mundo mejor existe, pero es muy caro.

La experiencia turística de Costa Rica, por más diversa que pueda ser, me dejó un sabor a parque de atracciones para gringos. Todo muy lindo, todo muy limpio, mucha naturaleza, verdes intensos que hacen que te duelan los ojos después de un par de horas en carretera...y sin embargo, eché en falta la experiencia rudimentaria y exótica que es el ecoturismo a la mexicana.


Todo es más caro que la gasolina.



Si alguna vez viajan a Costa Rica, les recomiendo encarecidamente que renten un auto. Hay muchos muchos puntos de interés turístico, pero llegar a cualquiera de esos puntos implica desplazarse y no es que el transporte del país cuente con muchas y accesibles opciones.

Siempre se pueden contratar shuttles, con GreyLine o Interbús. Hay algunas rutas de camiones, que siempre van con gente de pie, pero me quedé con ganas, muchas, de realmente perderme por las carreteras llenas de verdor. No, no confién en los blogs de gringos asustados que se quejan del estado de las carreteras. si alguna vez han ido a Hierve el Agua por el camino viejo o han tenido el atrevimiento de cruzar Chiapas por carretera (la ruta a Las nubes, o la conexión Tuxtla Palenque por poner un ejemplo) están más que capacitados para manejar por Costa Rica. Y no, no necesitan un 4x4.

La otra opción que les queda son los taxis. Caros. Carísimos. Con tarifas en dolares que hacen que un simple day tour implique un gasto en transporte de aprox. 100 USD. Y nada está cerca. Hagan cuentas.


El país con más guías de turistas del mundo.

Eso sí, todos, absolutamente todos los taxistas, transportistas, botones, tenderos, TODOS pueden darte una cátedra sobre su país. Cuál es el punto más alto, el más bajo, el más al sur, el más al norte, dónde se como mejor, los hoteles con mejores tarifas, de dónde salen mejor las fotos, en que año se inauguraron cada uno de los parques nacionales, el porcentaje de territorio dedicado a la conservación ecológica, en que año se decretó la independencia, por qué tal ave o tal mamífero, la historia política de centroamérica, el número total de habitantes, el número de inmigrantes, las relaciones comerciales de Costa Rica con sus países vecinos, el año en que se disolvió el Ejercito...puras razones para sostener porque Costa Rica es el país con mejor índice de felicidad en el mundo.

Yo, como buena hater chilanga, lo encontré desesperante después de un tiempo. Pero envidié ese conocimiento y orgullo de su país, tan difícil de encontrar en mi hermoso México.

Envidia de la buena.



Uno de los primeros viajes que recuerdo fue a Chiapas, tendría yo como siete años y fuimos a Palenque. Recuerdo una selva gigantesca y abrumadora, con iguanas verdes caminando por doquier y monos araña columpiándose felizmente entre las ramas. Pero claro, eso fue hace mucho tiempo, hace un par de años que volví a ir la impresión que me quedó de la selva lacandona fue otra: triste, deslavada. La exhuberancia que me había dejado sin palabras en mi niñez se había ido y ahora sólo quedaban parches malogrados de algunos árboles que parecían obligarse a mantenerse juntos a fuerza de costumbre.

Si envidié algo de Costa Rica es esa preservación glamourosa, orgullosa y hasta un poco pedante que hacen de sus recursos naturales. No en vano los hermosos paisajes, las carreteras siempre verdes, las especies exóticas y confiadas, las flores multicolores, las enredaderas centenarias.

Eso si es Pura Vida.


Pero ninguna playa como las de México.




Eso sí, que me disculpen, pero como las playas de México no hay dos. Cualquiera de nuestras playas en el caribe, CUALQUIERA, supera a Manuel Antonio (que según Trip Advisor es de las mejores playas en el mundo...pfff). Y Jacó, una de sus playas surfers más reconocidas, no está ni cerquita de la buena vibra, color y vida que tiene Sayulita.

Yendo a Costa Rica, me reenamoré de Cancún, Playa del Carmen, Majahual, Holbox, Puerto Vallarta, Loreto, Tecolutla...del mar mexicano, pues.



En conclusión.

Costa Rica es Pura Vida: verdor, volcanes, sonrisas, orgullo. Lo disfruté muchísimo. Pero como México no hay dos y como siempre, el ejercicio de comparación de visitar otro país, me hace valorar muchísimo más el gran tesoro que es México y lo mucho que amo ser mexicana.



5 de enero de 2015

Ayudante de rey mago o "Las mejores historias del mundo las contaba mi abuelita"

Creo que el día de reyes me gusta más que la navidad , cuando era niña podría decirse que incluso más que mi cumpleaños.

Era día de comer rosca con chocolate e ir a la alameda a conseguir el globo más bonito para lanzar nuestra carta al aire.

A mi mamá le daba mucha ilusión, aunque quizá no debería hablar en pasado. Mi mamá sigue emocionándose con el día de reyes aunque su titánica labor de reina maga honoraria no encuentre ahora ningún niño-pretexto para seguir trabajando.

Mi mamá (y mi papá también) se esforzaban cada año por lograr que los reyes nos trajeran los mejores regalos. Lo único en todos mis años de infancia que me quedaron a deber fue un muñeca Comiditas. Yo creo que ese día se murió mi instinto maternal.

Pero, detrás de todos los recuerdos bonitos de los días de reyes de mi infancia, el más entrañable sigue siendo el de la todopoderosa mitología de los ayudantes de los reyes, mitología acuñada por mi abuela que mantuvo la ilusión en su lugar durante toda mi infancia, manteniendo nuestras inocentes mentes (la mía y la de mi hermano) a salvo de la cruda verdad.

Todo surgía del hecho de que en una de sus múltiples facetas empresariales, mi abuela comenzó a vender juguetes previo al día de reyes. Yo tendría unos 6 años en aquel entonces, y a esa edad uno hace más preguntas de las que cualquier adulto puede responder. "¿Por qué la gente vende juguetes para los reyes, no los hacen ellos?"

"Ay, hija, si nada más son tres, ¿cómo van a poder hacer juguetes para tooodo el mundo ?, no, si hasta Santa Claus tiene a sus duendes, pero los reyes no tienen a nadie así que cada año consiguen unos ayudantes que buscan los juguetes para todos los niños y pues claramente los ayudantes son gente común y corriente que no sabe hacer juguetes así que les toca comprarlos; por eso luego ves a señores comprando juguetes, pero tiene que ser en secreto, porque pocos saben que  los reyes les ayudan".

En aquel entonces todo tenía sentido.

Que nostalgia de los globos, las mañanas abriendo juguetes y, sobre todo, del pensamiento mágico y protector de mi abuelita. 

Te extraño Luchita.


PD. Me gusta tanto el día de reyes que tuve que aprender a cocinar la rosca. Soy una doñota en potencia, ¿qué diría mi abuelita de eso?

2 de enero de 2015

Posibilidades.


2014 fue un año de mucho movimiento y sacudidas, literal y figuradamente. Me parece que la persona que me veía desde el espejo el 1o de enero de 2014 es una muy distinta a la que veo el día de hoy.

Perdí personas importantes , el fallecimiento de una buena amiga me hizo poner en perspectiva el verdadero valor del trabajo en comparación con los otros aspectos de mi vida, replantearme el concepto de éxito y mi necesidad compulsiva de cumplir las reglas.

Rompí muchas reglas, sólo para darme cuenta de que así se está mejor.

Tuve un encuentro cercano con un trailer que destruyó la mitad de mi coche...y tanto Sergio como yo salimos ilesos. Y yo no se si llamarle milagro, coincidencia o advertencia, pero pueden estar seguros que mi agradecimiento y amor por la vida se volvió enooorme.

Laboralmente fue un año de grandes retos, una verdadera pesadilla. Hubo grandes tropiezos. Desanimo. Estrés máximo. Y aún así, disfruté como nunca mi trabajo gracias a grandes personas que me hicieron sentir parte de un equipo que hace las cosas con el corazón...a pesar de los madrazos.

Confié más, reí más. Amé infinitamente.

Bebí café como desesperada.

Dormí poco y mal.

Estuve en el hospital gracias a una apendicitis. Adiós apéndice.

Fui constante para ir al gym...durante unos meses.

Básicamente, hubo días buenos y días malos, pero llenos de intensidad. Mis aprendizajes del año: el desapego, la contemplación y la paciencia.

2014 se va dejando tras de sí caos e incertidumbre, 2015 llega con grandes planes y esperanzas.

 En 2014 aprendí a mirar con otros ojos, 2015 será el momento de aprender a creer. En la oscuridad, sólo la fe nos guía.

Es tiempo, creo, de navegar en aguas desconocidas y aprender a quemar las naves. Dejar ir . Un horizonte de posibilidades infinitas se abre ante mi, lo cual resulta aterrador y emocionante al mismo tiempo.

Ya veremos.

Mientras tanto, empecemos el año con un viaje, que es siempre la mejor manera de comenzar.


3 de diciembre de 2014

Claramente

Claramente
No está todo calculado.
Las voces callan cuando llueve
Y tomas chocolate en una taza de colores,
Pero
Eso sucede sólo a veces;
Más probablemente si es martes,
si hace frio,
Y si estás mirando el techo
Fijamente.

Escuchas el latido
Imparable de la sangre contra tus sienes
Y el dolor crónico en la muñeca,
El hombro,
La pierna.
Hay dolores que nunca paran.

No sé si me duele el corazón
-el corazón es un músculo-.

Extraño la calma de las lágrimas,
La motivación del hambre,
El enojo que aprieta puños.
Pero no se me acaba la tristeza.

Quiero tirarme en el pasto.
En la arena.
En el asfalto.
Gozar sabiendo que no hay nadie
En kilómetros,
Estar en silencio.

-No te sientes en el pasto,
Ahí se hacen del baño los perros-.

Que ganas de sentir la lluvia
Y no tener miedo a mojarme.

Claramente,

No está todo calculado.

9 de enero de 2014

La simetría de los deseos

Éste es exactamente el problema del modo de vida occidental, dijo Ofir con voz calmosa. Nosotros nos marcamos objetivos y entonces nos transformamos en esclavos de nuestros objetivos. Nos esforzamos tanto en coseguirlos que ni nos damos cuenta de que mientras tanto van cambiando.
Bien, dijo Yaara.
Los hindues tienen, continuó, una expresión que utilizan muy a menudo: savkutz milga, que quiere decir 'todo es posible'. Primero, cuando lo decían, me enloquecía. Después comprendí que aquí la vida es así. Te levantas un día y hay un terrible monzón y, al cabo de unos instantes, el cielo es azul, sin una nube[...]
Me colapsé porque llegué al fondo del tonel. Y llegué al fondo del tonel porque me exprimieron del todo. Y me exprimieron del todo porque formaba parte de la estructura del poder que utiliza las palabras únicamente para vender[...]
¿Y cómo son esas cosas en Copenhague?¿O hay otras cosas molestas?
Pata-nay.
¿Pata qué?
Pata-nay. Puede que si, puede que no.¿Cómo puedo saber lo que pasa en Copenhague si no he estado allí.
La simetría de los deseos, Eshkol Nevo

La literatura y yo tuvimos un gran desencuentro en 2013, pero entonces llegó este libro a mis manos. El libro ideal para reenamorarme de las letras, el libro ideal para iniciar 2014, el libro ideal para iniciar la recta final hacia los 30 años. Esta es la clase de libro que me gustaría haber escrito. 

Cuatro amigos en Israel se reunen para ver el mundial de futbol. Durante la reunión deciden escribir, cada uno, tres deseos en un papel. Tres deseos que conservarán secretos hasta el próximo mundial, en el que esperan reunirse para abrirlos y ver cómo han ido las cosas en esos 4 años y ver qué tanto han avanzado o no en el cumplimiento de esos deseos. Esos 4 años, son los años de yeso -señala un personaje-, los años en que se consolida y cristaliza el carácter de las personas. En el próximo mundial tendrán treinta y dos.

Ésta es una historia de amor. De entrega y renuncia. De vocación. Pero es, sobre todo, una mirada íntima al papel de la amistad en la vida de las personas. A esa relación mezcla de arbitrariedad y fe que es la amistad. A ese tronco que nos mantiene a flote aún en este mundo un poco enfermo  triste.

Es también una mirada, un poco cínica, al papel de la verdad en nuestras vidas. Al mucho peso que le damos, a lo lejos que estamos siempre de ella.

Un libro, básicamente, sobre esta segunda adolescencia que es la crisis de los treinta. A esta edad en que cada vez nos preguntamos más para respondernos menos, en la que hay tanto pasado, pero también tanto futuro. En la que todo es posible. 

A la oportunidad de reescribir nuestros deseos. O de que la vida los reescriba por nosotros.

Todavía, quizás, hay tiempo.

 
 
 
 
 

23 de diciembre de 2013

La nostalgia de la navidad y otras historias cortas.

Siempre que empieza diciembre me pongo nostálgica: me empiezan a inundar los recuerdos de otros diciembres, de otras navidades, de otros tiempos...

Recuerdo por ejemplo, los romeritos que preparaba mi abuelita Lucha. Las posadas de vecindad acompañadas de ponche diario, aguinaldos con jícamas y cañas, letanías siempre lideradas por ella...en fin, la presencia inquebrantable de mi abuelita y lo mucho que disfrutábamos diciembre juntas.

Hacíamos nuestra posada cada año. Hubo una ocasión en que la piñata se incendió con una velita dentro de la casa. Nada grave, muy divertido en realidad. Hubo también un año en que cada vecino, además de la piñata, puso cena y ponche. Tuvimos nueve posadas, las de ley. Me acuerdo que el año en que falleció mi abuelita, hicimos una posada por el cumpleaños de mi hermana, y que como mi abuelita ya no estaba me tocó a mí guiar la letanía, recuerdo que vivía en estado zombie en aquellas fechas. La verdad, es que desde que mi abuelita no está, la navidad perdió una parte importante de su brillo y ya ni las limas que compartía con ella me saben igual...

Recuerdo una navidad, hace 11 años exactamente, la navidad del 2002. Fue un año difícil: habían pasado dos años de la muerte de mi abuelita, yo llevaba un año en la universidad, mi hermana tenía entonces 6 años, el matrimonio de mis papás pasaba una etapa terrible...

Estaba muy triste, me sentía muy sola y vacía. Ese año mariana me dijo, escribe tus deseos al niño dios, al espíritu de la navidad, escríbelos y guarda una copia. El 24 de diciembre a las 11 de la noche, quema el original. Deséalo con todo tu corazón, ten fe y tus deseos se cumplirán.

Yo desee 3 cosas: Que los problemas entre mis papás se solucionaran, que nuestra situación económica mejorara (en aquel entonces era en verdad precaria) y conocer el amor.

Sergio llegó a mi vida un par de meses después. Mis papás siguieron juntos un tiempo, pero hoy están felizmente divorciados. Hoy, nuestra situación económica es otra, mucho más holgada.

Quizá fue simplemente mi fe. Quizá fueron las lágrimas que derramé quemando aquella hoja, aferrándome a la esperanza vana de que hubiera algo (dios, la navidad, el universo) afuera, atendiendo mis deseos. No lo sé.

Hoy no tengo deseos tan apremiantes. Hoy mi vida es muy distinta. Ahora, por primera vez en bastante tiempo, no tengo nada que desear, sólo tengo una profunda gratitud. Y es por eso que estoy nostálgica: Todo sería perfecto si hoy pudiera ver a mi abuelita y simplemente decirle: soy feliz. Ella siempre me acompañó en mis lágrimas, cómo me gustaría que me acompañara en mis sonrisas...

Estas eran nuestras fiestas. Cocinar juntas. Bailar juntas. Envolver juntas los regalos. Caminar juntas. Comer juntas.

Estas SON nuestras fiestas. Recordarte siempre. Amarte siempre. Hacer de mi vida un homenaje.






20 de agosto de 2013

Crecer...que no es lo mismo que madurar.

Una tarde, tenía yo once años, caminaba con mi mamá, como solíamos hacerlo antes de que existieran los novios, el marido, el trabajo o las cervezas (no recuerdo a dónde íbamos, probablemente al super o a comprar pan...algo),  y mi mamá me dio una noticia que cambiaría mi vida para siempre. Sí, así de dramático. PARA SIEMPRE.

Me dijo mi mamá, entre pasos nerviosos y con un nudo en la garganta, que tendría un hermano...o hermana. Básicamente, que a sus 35 años, 12 de casada y con una hija de 11 años y otro de 8, iba a empezar de nuevo el arduo camino de ser mamá.

Yo no lo entendí, no quería entenderlo. Hice un drama digno de puberta inconsolable. No podía ser, ella era MUY grande (madres, yo a mis 29 ni planes de hijos, así que probablemente, si es que sucede, tendré a mi primer bebé a la edad de su tercero...pero esa es otra historia), y nos tenía  nosotros, y casi NUNCA nos veía, y me iba a dejar de querer. Porque, claro, quién podría quererme a mí con un bebé al lado.

Sufrí mucho. Y en el proceso hice sufrir a mi mamá. Que ya bastante drama tenía en su vida: el embarazo de mi hermana casi le cuesta el matrimonio (lo cual, no habría sido tan malo al final y habría acortado el tiempo de sufrimiento con el mismo desenlace). En fin. 

Mi abuelita habló muy seriamente conmigo, me dijo, básicamente, que yo estaba siendo una escuincla malcriada y que sin importar lo que pasara mi familia siempre iba a estar para mí (lo cuál, dicho sea de paso es lo más cierto del mundo). Me dijo también que mi mamá me necesitaba, que si tenía que luchar con mi papá, o con su familia política era una cosa, pero que luchar conmigo la iba a quebrar. 

Recapacité. O algo así. 

Decidí entonces, un par de meses después de la noticia, que nadie iba a hacer sufrir nunca a mi mamá y que yo iba a estar siempre para ella sin importar nada. Porque para eso somos familia, y porque mi mamá es mi mejor amiga en todo el mundo mundial. Hablé con su panza, le canté, hacíamos planes para el bebé. Mi hermano y yo hablábamos y le pedíamos que nos dijera si iba a ser niño o niña. 

Yo siempre supe que iba a ser una niña. Mi mamá me dejó elegir su nombre. Itzel: el lucero de la tarde. 

Y vaya que lo ha sido. En una familia como la nuestra, su presencia vino a traer luz y alegrías, risas y esperanzas. El día que nació, en cuanto salió del hospital la tomé en mis brazos y me prometí desde ese día que siempre la iba a proteger, que siempre de los siempres iba a ser mi hermanita...

Y así fue durante mucho tiempo. Yo la bañé en su tinita, le cambié los pañales, la dormí en mis brazos, le revisé las tareas, le hice repetir entre lágrimas las palabras mal escritas, le enseñé a usar una computadora y a buscar libros en una biblioteca, sin darme cuenta cambié su vida al hacer que viera El increíble castillo vagabundo, le infundí el amor por los libros, siempre la hice apuntar lejos en su vida...

Era como mi hija. Pero nunca dejó de ser mi hermana. Y como tal, peleamos, lloramos, nos gritamos, nos enojamos, sólo para terminar el día con su cabecita en mi hombro mientras veíamos una película y sonreir cuando ella giraba su cara sólo para enviarme un beso...

Y ahora, es toda una estudiante de medicina. Dentro de poco una interna. Se desvela haciendo tarea, se le empiezan a marcar las ojeras, duerme poco, come poco...y sin embargo, tiene siempre una sonrisa en su rostro.

Siempre fue su sueño. Estudiar medicina. Salvar vidas. Ayudar a la gente enferma. 

Y yo admiro la persona en la que se ha convertido. Y lloro poquito. Porque ya no es mi niña, y en esto de crecer nunca se da un paso atrás. Porque dentro de poco, la responsabilidad de tener una vida en sus manos y su cercanía con la muerte y el sufrimiento, cambiarán su mirada y su carácter, porque en ese lugar al que se dirige ya no puedo protegerla. 

Así que, sí, mi hermana ha crecido, pero ahora le falta la parte más difícil: madurar. Y ese camino lo tiene que recorrer sola. 

Qué difícil es sentir esta impotencia. No quiero imaginar lo que se siente como mamá.

No, yo aún no termino de madurar.

15 de mayo de 2013

En el tintero

Llegué el lunes a la oficina. Más temprano que de costumbre. Me encontré con una noticia que no he sabido digerir, un compañero (del equipo de mi esposo) falleció tragicamente en un accidente automovilístico. Tenía 26 años y se había ido a Valle de Bravo a celebrar su 1er aniversario de bodas, en el viaje de regreso sucedió el accidente y falleció al instante. 

Es de esos eventos que te mueven el mundo, de esas circunstancias que uno no tiene manera de explicar o entender. Que una vida sea cortada de tajo, tan pronto, con tantos planes y sueños sin cumplir.

Nunca había visto llorar a mi esposo. Nunca. 

Y sin embargo, con esta pérdida vi lágrimas corriendo por su mejilla sin tener las palabras correctas para consolarlo. Nos duele su esposa. 

¿Cómo te repones de la pérdida del amor de tu vida, de la persona con la que quieres compartir sueños, dolores, terrores, y vejez? ¿Llega en algún momento el olvido para el amor?

A Sergio le prohibí morirse. Un poco en broma, un poco en serio. Con la ingenuidad y la fe que uno engrandece como antídoto contra el miedo. Sin él me volvería loca. 

Hoy pienso en todos los planes que tenemos y nos veo reflejados en una situación que hoy es cercana y dolorosa. Pienso en los lugares que queremos conocer, en los boletos de avión comprados, en los departamentos (con terraza y cocina abierta) que nos imaginamos habitar. Pienso en las películas que no hemos visto, en los cientos (miles) de conversaciones que nos falta por tener...y nada. Todo eso no es más que una ilusión. 

Anoche Sergio me platicaba sobre el proceso de lidiar con la ausencia de Jorge (así se llamaba), de no saber que decir a los proveedores que los buscaban con insistencia para que les resolviera algún pendiente. De la falta de palabras y explicaciones para aquellos que preguntaban por él, de la presencia de sus fotos, papeles, cosas, en el vacío de su lugar.

Cosas. Cosas que se quedan cuando ya no estás, como vestigio de aquello que fuiste, de aquello que amaste, de aquello que te provocó curiosidad. Una historia que nunca será contada por completo. 

¿Cuántas palabras se quedaron en el tintero? ¿Cuántos proyectos por trazar?

Mi tío alguna vez me dijo: Cuando lloramos por la muerte de alguien, lloramos por nuestra propia muerte. 

Nuestra condición mortal. Sin garantías ni pertenencias. 

Ni el amor nos salva. 

Hoy me siento sola. 

2 de mayo de 2013

No me gustó Iron Man (Spoiler Alert)

Esperaba con ansias locas la nueva entrega de Iron Man. Vamos, ¿cómo podría decepcionarme Tony Stark? Creía que no era posible, y lo logró. Lo peor del asunto es que parece que se esforzó. 
Algunos amigos dicen que es "entretenida". Yo digo que no. Es aburrida, sosa y sin sentido. 

Es como ver Duro de Matar 4. Explosiones sin climax, personajes sin corazón ni dimensiones. Un fiasco de historia que provoca bostezos y cara de interrogación. 

Desde que inició, miré fijamente la pantalla en búsqueda de alguna chispa que me recordara el carisma habitual de Tony Stark. Y nada. De ser un personaje envidiable, lo convirtieron en un bufón perseguido por un villano cuya motivación palidece al lado de la del Sindrome de Los Increíbles (bububu, sufro porque el señor Stark me dejó esperándolo en la azotea y por eso voy a ser malvado y de alguna extraña manera crearé mutantes que se prenden fuego y que nunca nadie explicará cómo, se convertirán en bombas bubububu).

Y ya ni hablar del hecho de que hablen de controlar el ADN a través del cerebro...Neta? 

Nunca entenderá porque Tony Stark decide declararle la guerra al Mandarín, por un asistente que no tiene la menor gracia ni importancia en la historia. Ni que la antigüa novia acabe muerta sin provocar la menor emoción nunca en la vida, su intento de amistad con Peper Potts nada más no prosperó. 

Y lo más, más triste, es que no hay climax para la historia. La supuesta vuelta de tuerca reculta anecdótica, más no sorprendente. Eso. Toda la película es anecdótica. Lejos, muy lejos queda la épica de Whedon y sus Avengers.Se extraña a Jon Favreu.(¿a quién se le ocurrió que el escritor de Arma Mortal podía dirigir Iron Man?).

En fin. Mala, muy mal. Tache. Gran decepción. Un churro noventero con marketing dosmilero. 

Ahora esperaré que Man of Steel si cumpla mi hambre de superhéroes de este año. 

16 de abril de 2013

Mascotas Prestadas

Siempre quise tener un gato, pero mis padres no coincidían en mi deseo. "Los gatos son muy sucios", decían.

Sólo he tenido una mascota en mi vida. Y esa mascota se murió al otro día de que me casé y se llevó con él un pedazo enorme de mi corazón. Es que sencillamente era mi mascota perfecta. Mia, aunque mi mamá y mi hermana se lo llevaron con ellas cuando se mudaron; a pesar de mis súplicas y mis chantajes del tipo "voy a vivir solita y sufroooo".

De ahí en fuera, todas mis mascotas en la vida han sido prestadas. Estaba la Grecia, una mastin gigantesca que mi papá dejaba entrar a la casa y que me despertaba a lengüetazos. Cariñosa y enorme. Era de mi vecino y se murió una navidad.

Estuvieron luego la Grecia II ,también una mastin, y el Toby , un pastor alemán de una dulzura infinita. También eran de mi vecino y en alguna ocasión se cruzaron y tuvieron unos cachorros bastante pintorescos, cuyo destino desconozco. Mi vecino se llevó a los dos perros a un estacionamiento que manejaba, y el Toby se escapó al poco tiempo. La Grecia simplemente desapareció...nunca supimos más de ella.

Estuvo también la Muñeca, una maltés que era de mi abuelita y que perdió toda alegría cuando ella falleció. Vivió 15 años, de los cuáles 5 los pasó ciega y medio sorda. Era un poco mía, si consideramos que yo pasaba más tiempo en casa de mi abuelita que en mi propia casa...

Después debería contar también al Teddy, el perrito que nació en un cumpleaños de mi tía Blanca y que se convirtió en su fiel compañero. Llegó muy pequeñito a la casa de mi tía (anteriormente la casa de mi abuelita)  y ayudó a lidiar con la depresión que dejó la muerte de la Muñeca. Ese perrito merece mención aparte por el simple hecho de que creía que yo era su mamá...y pretendía que lo amamantara. (Su nombre original era Whaitito - porque era White y chiquito, pero mi tía no nos dejó ponerle ese nombre).

También estuvo Guantes, un gato hermosooooo. Negro y con patas y pecho blanco. Una belleza indecible. Lo encontramos Sergio aullando debajo de un coche, y me sentí muy mal de dejarlo ahí. Le llevé leche y atún a la calle. Rogué y supliqué que me dejaran quedármelo. Pero me dijeron que ya estaba el perro y que no se podía (paréntesis cultural: mi perro le tenía miedo a los gatos). Como no pude llevarlo a mi casa, todos los días, en las escaleras del edificio, me sentaba con él, lo acariciaba y eramos muy felices. Supongo que alguien lo adoptó porque después desapareció de mi calle.

Conozcan a Guantes.

Siempre quise un gato.

Y entonces, mi vecino (experto proveedor de mascotas prestadas) se consiguió una novia y la novia tenía un gato. Un gato persa, gris, hermoso.

Y el gato se hizo amigo de mi perro. Y se comía sus croquetas. Y le robaba su cama. Y todo eso de madrugada, cuando nadie lo veía.

Cuando mi mamá y mi hermana raptaron a mi perro y me dejaron triste y sola, el gato decidió que era hora de hacer nuevos amigos, así que ahí lo tenía yo a las 2 de la madrugada, rascándome la panza.

Como yo había decidido ya no encariñarme con mascotas prestadas, decidí que no tendría nombre. Gato. Así le iba a decir. Gato vete. Pero, obviamente, me encariñé muchísimo. Y resultó que era hembra, así que Gato era su nombre artístico cuando me visitaba.

Y luego me casé, y me mudé y dejé a Gato sin su segundo hogar.


Este es gato pidiendo su forma favorita de amor: que le rasquen la panza con el pie
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Y quise un perro, pero no sabía que adoptarlo fuera taaan difícil. Y entonces recordé que siempre había querido un gato. Y mi querido esposo dijo que sí. Así es que a mis casi 30 años acabé cumpliendo mi sueño quinceañero de tener un gato negro como el de Sailor Moon.

Y eso me pone contenta. Eso y sus hermosos ojos de color indescifrable.

Y a pesar de que muerde cuando se estresa, y se enoja de noche cuando invado su espacio personal (que ha decidido instalar en mi almohada) y nos despierta a las 5 de la mañana para pedir que le de de comer (porque le gusta comer de mi mano) y de que desprecie las croquetas Cat Chow por comer Royal Canin y que haga berrinche si lo dejamos mucho tiempo solo... yo lo quiero.

Lo quiero como sólo se puede querer a una mascota, prestada o no. Con la ventaja de que nadie se lo llevará NUNCA sin mi consentimiento. Tener una mascota, creo, hace que siempre recuerdes que tienes un niño interior y que, sin importar cuánto te haya maltratado el mundo o tus padres, o el puto trabajo, siempre, siempre, siempre, puedes contar con que otro ser vivo es capaz de entregarte amor sin condiciones (bueno, un poco de comida, agua y apapachos nada más).

Este es Titino Gatino Tontino Chismosino Primero (aunque si eres cuate, le puedes decir Titino):





1 de abril de 2013

29

Darse cuenta de que tienes 29 años, que no sabes si eso es mucho o es poco. Que no tienes un hijo, no has escrito un libro y no has plantado un árbol.
Que la utilidad del oxígeno que inhalas es mínima.
Que necesitas desesperadamente ese viaje interior, esa epifanía que has buscado desde que tienes uso de razón. Que el uso de razón no te ha servido de nada. Que por las noches te espera un gato negro mirando por la ventana y ese es probablemente el punto alto de tu día.
Que eres un alma vieja, pero eso no te hace sabia.
Que ahí están las cicatrices, y algunas heridas que aún sangran.
Que da igual si son 29 o 30 o 50. Que no sabes que hacer con los años perdidos ni con los que aún no llegan. Que no sabes siquiera que hacer con este día.
Que en el fondo da lo mismo.
Que no has podido vencer a la melancolía. Que Lars Von Trier lo entiende perfecto.
Que no puedes dormir por la noche ni despertar por las mañanas y que no entiendes lo que eso significa, pero asumes que significa algo.
Que quieres que todo calle, que necesitas escuchar una voz que perdiste hace mucho. Que sabes y no sabes que necesitas reencontrarte con la sonora y límpida carcajada. Que no entiendes cómo entender. que no sabes el camino: destrucción, iluminación, búsqueda.
Que cierras los ojos y te da miedo el vacío....

Me regalé letras en mi cumpleaños. Quizá todo sea tan arbitrario como las palabras.


25 de marzo de 2013

Se llamaba vida hasta que llegaste tú
y después tomó tu nombre.

Por las noches caminaba de la cama a la cocina
susurraba, nadie oía.

En mis sueños cantaba de tu voz la melodía:
dulces tonos, negros días.

Me abrazaba a tu recuerdo y mi memoria insistía 
en hacerte más cercano, más dulce, más mío.

Se llamaba vida hasta que tú llegaste. 

Cuando despertaba, junto a una almohada vacía,
mis lágrimas rodaban: mi silente compañía. 
Yo anotaba tu cuerpo, tus caricias, esa sonrisa impaciente que me dirigías 
cuando mis palabras volaban en un idioma que no entendías. 

No estoy listo. 
No estoy listo para este amor tuyo que consume todo a su paso. 
No estoy listo para tomar en mis manos un corazón inflamado. 
No estoy listo para ti, que aprendiste a amar tan niña, 
que no temes al fuego, a la muerte, a nada. 
No estoy listo para vivid sin miedo, no estoy listo para vivir sin piso. 

Te quiero, pero no estoy listo.

Despreciaste la poesía de un amor desbocado.
Te atragantaste con mi desesperación.

Se llamaba vida.

26 de diciembre de 2012

Entregas

Todo empezó con una entrega a domicilio. Compré un cuadro precioso, de una vaca colorida a la que le puse por nombre Jacinta y que terminó colgada en la sala de mi casa. La pintora y yo estudiamos juntas en la universidad pero pocas veces habíamos platicado, yo en aquel entonces era amiga cercana de su actual novia y las tres formábamos parte del mismo círculo social.

En algún momento, un rompimiento amistoso (con intensidad de rompimiento romántico) con otra persona del mismo grupo, me llevó a alejarme de todos ellos, de la comodidad de pertenecer, de formar parte de, de todas esas cosas bonitas que conlleva saber dónde estás parados...

Con el tiempo la amistad se enfrió con todos ellos, y todo quedó tristemente en una amistad de Facebook y de vez en cuando en una que otra reunión navideña o cumpleaños. Eso, por supuesto, no implica que ni ellos ni todas las historias compartidas hayan perdido su lugar en mi corazón y en mi memoria...

Pero vuelvo al inicio. Todo empezó con una entrega a domicilio. Originalmente yo compré el cuadro porque quería ayudar a su novia, mi amiga del pasado sabiendo como sabía que para ella era importante echar a andar ese negocio. En parte eso y en parte que el cuadro era muy bonito y colorido y me enamoré de los enormes ojos de la vaca Jacinta.

Después de ese cuadro vino otra vaca...y después se me ocurrió que era buena idea pedirle un cuadro para mi mamá que todavía sigue en la afanosa labor de decorar su nuevo departamento (lleva dos años con eso). Después sucedió que mi papá también está por estrenar departamento y que andaba buscando un cuadro para decorar su sala, así que también para él hubo cuadro.

Cuatro entregas. No más.

Eso bastó para forjar un lazo importante entre ella y yo, un lazo que convertía en cada entrega en una sesión de confesiones, de preguntas sin respuesta, de porras mutuas, de consultar decisiones, de avisos.

La última entrega fue el fin de semana y funcionó como una especie de despedida. Se van a vivir a la playa.

"Voy a extrañar las entregas a mediodía en el metro Hidalgo", me dijo.

Cada persona en nuestras vidas llega en el momento preciso y parte cuando tiene que partir; y hoy, aunque ella no lo sepa,  mi casa y las de mis papás son un poquito más hogares gracias a los colores que sus pinceladas nos trajeron.

No sólo me entregó cuadros, con ellos me entregó sonrisas, historias y memorias. Sí. Yo también voy a extrañar sus entregas.

25 de noviembre de 2012

Me ocultas tu rostro y yo, con lágrimas en los ojos te ruego, una vez más, que me mires de frente. Ha sido una vida buscandote, ha sido soportar año tras año de indiferencia y evasión. Ha sido un largo y tortuoso camino el que hemos recorrido, yo aferrándome a tu mano, tú mirando hacia otra parte.

¿Cuándo aprenderé, me pregunto, que en este camino no cuento contigo?¿Cuándo aprenderé que no cuento con tu abrigo?

Supongo que es la falta de experiencia, la inocencia que tengo tatuada en la frente, la confianza ciega, la maldición de la esperanza....

Me pregunto si existes. Eres, probablemente, como el monstruo debajo de la cama o el ratón de los dientes. Eres el santa claus de los pobres. Te aprovechas, porque hasta el más incrédulo ha creído en tí en alguna ocasión.

Estúpido destino. Cuando era niña, pensaba que eras más grande que dios.

20 de noviembre de 2012

Me va quedando grande el mundo...

Me va quedando grande el mundo.

Como a esos ancianos que van encogiendo dentro de unos ropajes que denuncian su anterior lozanía.

Voy perdiendo estatura, peso, tamaño. Me quedo sentada en una banca cualquiera; en cualquier parque. Alimento aves imaginarias, sueño despierta con atardeceres rojizos que caen sobre pastizales verdes. Me miento.

Sonrio lánguidamente con la tristeza atorada en el pecho. Una tristeza turbia y densa que le ha quitado el sabor a miel maple a la vida.

(La vida me sabía a miel maple y pastel de chocolate recién horneado. A helado de dulce de leche. A manzanas con chamoy y limón. A fondue de queso gouda...

Me sabía).

Hoy me va quedando grande el mundo.

Siento, no sé, que mis huesos están próximos a quebrarse. Que ya no hay andadera que resista mis pesados, lentos, apesadumbrados pasos. Que más vale quedarme sentada. Respirar. En cualquier banca, en cualquier parque, y volver a alimentarme con la dulzura del aire de una noche de otoño, con la frescura de un pasto recién regado, con el calor de un abrazo que dure horas....

Quedarme quieta, respirar, recuperarme. Ganar peso, recuperar mi estatura, volver a ocupar este espacio que aún se nota y que era mio. Crecer de nuevo, expandirme, brillar. Volver a sentir que el mundo le queda pequeño a mi cariño, que me puedo comer la luna a cucharadas, que pudo tocar las estrellas, que nada tiene límite.

Volver a ser yo.

Necesito tiempo.

Es que este mundo me va quedando grande.

13 de noviembre de 2012

¿Cuál será el final de esta historia?
Ningún indicio ha aparecido, 
ninguna señal...
todo rumbo al olvido.

Mis tristezas se esconden
en aquellos rincones que cerré con candado,
me persiguen fantasmas de mis sueños pasados.
Mientras, anochece.

No siento el peso de este día transcurrido, 
no siento el contacto de mis pies sobre el suelo.
Mi cariño, mi afecto,
ya no son suficientes.
Mi corazón es un témpano de hielo.

Cada mañana despierto
con la losa del mundo aplastando mi cabeza.
Es el canto de la sirena, 
yo lo sigo.
Esperanza es su nombre.

Caigo de mil alturas diferentes.
Máscara tras máscara se destrozan todos los rostros
contra el pavimento.
Yeso agrietado.
Sonrisas quebradas.
Quisiera ver hacia el fondo de esos ojos mudos
que hoy ya no conozco.

No encuentro la paz en ningún lado,
el desasosiego es mi compañero, 
me aferro a mis lágrimas, no escapen.
Cuando duele,
-porque duele, y mucho -
me pregunto si el dolor pasará.
Cuando pesa,
-porque pesa, y mucho - 
me pregunto que razones ocultas 
me impiden dejarlo todo atrás.

Rejas gigantes, 
cantos apagados. 
Un árbol de espinas en el que canta un ave
color naranja. 
Cierro los ojos, 
no me espino.
El camino es estrecho .

Siento en mi pecho la zozobra.
Naufragar.
El deseo universal de la soledad.
Mientras.
Sólo dolor,
dolor que no pasa,
dolor que se queda. 
Y el infinito ciclo de los días.

 
El mañana me encontrará aquí, igual que siempre.

25 de septiembre de 2012

Que se acabe el puto mundo ya

Ya se que no lo parece, pero en el fondo siempre intento mantener una sonrisa perenne. Ahí, en el fondo, un poco tímida, protegida por un frágil fanal. Siempre esa pequeña sonrisa que brota con un chiste absurdo en la TV o con placeres tan mundanos como un bote de helado...

Pero mi reserva de sonrisa chiquita se ha ido agotando. Y estoy llegando al punto en el que ya no se dónde conseguir más. El sabado fui a una recarga de emergencia con mis amigos, los necesitaba, necesitaba reir con ellos quejarme con ellos, abrazarlos y sentirlos cerca. Eso me dio la sonrisa suficiente para enfrentar esta semana...y llega el miércoles y yo siento que ya no me queda casi nada de esa sonrisa.

Estoy en crisis (por si alguien en la vida no lo había notado).

Hoy me desperté muy fresca por la mañana. La primera vez en dos meses. Abrí mis ojos sin necesidad de despertador, me dirigí inmediatamente a bañarme. Y es que tuve un sueño que me llenó de alivio.

Soñé que se acababa el mundo.

Y no, no me provocó angustia, ni tristeza, ni una pena profunda por la humanidad. Vamos, ni siquiera esa nostalgia absurda asociada al pensamiento de la propia muerte. No. Yo lo que sentí fue tranquilidad y alivio.

No es la primera vez que sueño con el apocalipsis. Lo he soñado muchas, muchas veces. Alguna vez por terremotos, otra por bolas de fuego extraterrestres, alguna más a causa de hechiceros malvados, esta vez fue a causa de una inundación...

Me alegré de que el mundo se acabara. Y es que últimamente para mi, pasado y futuro se unen en un loop interminable de cosas sin sentido, de preguntas sin respuesta, de respuestas sin pregunta y francamente yo ya me siento incapaz de imaginar un mundo diferente. Es muy pinche triste.

Y así las cosas, con toda mi frustración, y mi tristeza, y mi necedad, y mis sueños rotos, y mis ganas de ser otra (la otra que se quedó en el tintero)...con todo eso, ya no me queda sonrisa chiquita. Ya sólo me queda el deseo profundo de gritar: Que se acabe el puto mundo ya. Y ver como se acaba.

Nada.

Bueno, al menos me queda el consuelo de que todo, todo, todo se acaba.

Algún día.

This too shall pass.

13 de septiembre de 2012

Uno de esos posts de superación personal que nadie debería leer...

Es sencillo. Es complicado. Vivir, a eso me refiero.

Llegar y caer pueden ser las dos caras de una misma moneda. Llegar lejos, pero no a donde quieres llegar, puede no ser un logro.

He aprendido mucho, muchisimo, en estos dos meses que bien puedo clasificar como mi más complicada racha laboral hasta el momento; para no olvidarlo, me lo anoto aquí. Espero volver en unos años y darme cuenta de que estos aprendizajes no cayeron en saco roto.

1. El éxito es siempre relativo y personal. No vale de nada medirte con varas ajenas. El éxito debe medirse en tus propios términos, con la regla de tus sueños y tus pasiones. No debes aspirar a lograr aquello a lo que los otros han colgado la medalla de "ÉXITO", así, en mayúsculas. Éxito no es una palabra que se deba escribir en mayúsculas, ni enmarcarse para colgar en la pared. No es una meta, no es un lugar, no es un final. El éxito es un proceso que consiste en dar siempre, siempre, lo mejor de uno mismo (recordándose constantemente qué es eso mejor) y compartirlo alegremente. Hoy creo, más que nunca, que uno puede identificar  a una persona exitosa por la sonrisa que porta en su rostro.

2. Fallar no es definitivo. Uno puede equivocarse una y mil veces, levantarse raspado, con moretones, ensangrentado y aún así seguir vivo (y con ganas de vivir, que es lo importante). Equivocarse no te define como persona. Darse por vencido, sí. ¡Ah!, pero también es importante saber que no se pueden ganar todas las batallas, uno tiene que elegir cuáles luchar. Y encontrar las razones correctas para pelearlas. Nadie es infalible, nadie es perfecto, nadie lo sabe todo.

3. Las áreas de oportunidad nunca se acaban. Pero uno tiene que decidir qué área del jardín quiere sembrar.   Yo no pretendo ser astronauta, ni carpintera, ni diseñadora de modas; esas áreas siempre van a existir pero yo he decidido no cubrirlas. Pero hay otras que me duelen al verlas vacías. Si la vida es un jardín, tendrías que elegir dónde poner tu rosal, dónde el cuarto de los trebejos, dónde el sendero y dónde el columpio. No puedes tener todo en todas partes. Elegir qué área de oportunidad tomar depende de tus capacidades, pero, casi siempre, depende más de tus pasiones; de aquellas cosas que te hacen hablar hasta por los codos, que iluminan tu rostro, que te generan adrenalina y emoción. (Insisto, nadie puede ser bueno para todo).

4. Yo soy mi propio agente. Así, como si fuera yo un rockstar. Yo decido en dónde tocar y por cuanto. Yo decido si acepto duetos o no. Todas y cada una de mis circunstancias actuales han sido determinados por decisiones mías, actuales o pasadas. Es mi deber y mi derecho hablar, pedir, proponer. Nada es inamovible, todo es negociable. Se vale pensar en grande.

Creo que esta etapa ha marcado el inicio de una nueva temporada. Si fuera serie de TV, pensaría que este es el momento del spin off en que el personaje secundario se vuelve protagonista de su propia serie. This is the time of my life.

Fin del post de superación personal.


2 de agosto de 2012

"Acepta", decían, "te vamos a apoyar", decían

Los cambios son difíciles. Incluso aquellos que son para bien. Laboralmente mi vida ha sufrido un cambio que puede tomarse como una mejora, un logro, vamos. Sin embargo, yo no me siento feliz.

Digamos que, desde que entré a trabajar en este bonito negocio de la publicidad, los cambios vienen y van, al final uno se va a acostumbrando al vaivén, al ritmo frenético, a perder el piso. Pero hace un par de años entré en lo que viene siendo la zona de confort.

Hacía aquello en lo que era "experta",lo que dominaba. Algo que podía hacer con los ojos cerrados mientras comía palomitas y actualizaba mi FB. Era un trabajo que requería mucho tiempo pero practicamente sin ningún reto. Pedí mi cambio una y otra vez. A mí lo que me gusta es aprender, aportar algo y así.

Y tómala, que mi deseo se cumple. Y de repente me veo supervisando labores que desconozco y de las que no tengo ni puta idea. De repente se me cayó el mundo al suelo y volví a sentir lo que sentí hace ya 6 años que entré a esta caótica industria como trainee: una angustia terrible y ganas de no levantarme de mi camita hasta que se acabe la catastrofe.

Recuerdo que cuando empecé a trabajar tenía yo 21 años y conseguí mi lugar porque sabía inglés y porque alguna vez en mi vida había escuchado lo que era un TRP. En menos de una semana me hacía cargo de la coordinación regional de la cuenta de medios de importante empresa transnacional. Y yo era sólo una trainee.

Recuerdo que cada día salía casi llorando y me lamentaba amargamente con Sergio (sí, ya estaba Sergio) y todos los días repetía la misma cantaleta: no sé nada, seguro me corren. Tardé al menos 4 meses en tomar el control absoluto del tema. Y entonces la curva comenzó a caer, sufría menos, aprendía menos, me aburría más.

Pero hoy, hoy estoy en un punto en el que casi nada de lo que he aprendido en estos 6 años me sirve para atender mis labores prácticas de todos los días. Y entonces, entonces, me quiero poner a llorar y soy presa de una montaña rusa emocional en la que por momentos quiero llorar a causa de mi inutilidad y completa ignorancia, en otros estoy convenida de que lo mejor es renunciar antes de que noten mi completa falta de pericia y en otros sólo pienso: nada, nada en la vida ha podido frenarte, y esto no será lo primero...

Y pues nada, avanzo de a poquito, tratando de cacharlo todo a la primera sin sufrir pánico escénico y sin ser presa del terror.

Ya les contaré como me va en esta nueva aventura. Mientras, tratare de descifrar de dónde puede venir la ayuda divina, porque vaya que la necesito.